Informe sobre la
inversión

(2003-2007)


Informe PBI
(2003-2007)


Informe Comercio
Exterior

(2003-2007)


Informe sobre el
Mercado de Trabajo

(2003-2007)


Informe sobre la mayoria satisfecha argentina

El pago al Fondo Monetario Internacional

Los dos modelos Económicos en disputa

El pago al Club de París

La crisis mundial y la situación de la Economía Argentina

Nuevo Lockout de las Entidades Agrarias

El fin de las AFJP

El fin de las AFJP ¿El primer cambio estructural Kirchnerista?


Un plan para afrontar la Crisis


Políticas Ofertistas vs Políticas de Demanda


El modelo económico Kirchnerista


Causas y consecuencias del fin de la Convertibilidad


El Modelo Económico de la Dictadura Militar


Los modelos que confrontan el 28 de junio


EL PAGO AL FONDO MONETARIO INTERNACIONAL

La dictadura militar de 1976: el endeudamiento externo como mecanismo de dominación.

Una de las modificaciones importante introducida por el gobierno militar de 1976 en la economía argentina fue la reforma financiera realizada en 1977. Durante la Industrialización por Sustitución de Importaciones que duró desde 1930 a 1976 una de las funciones principales del Banco Central de la República Argentina era regular el sistema financiero, lo cual implicaba, entre otras cosas, regular la tasa de interés de la economía.

La reforma financiera introducida por la dictadura militar implicó la desregulación  del sistema financiero y, por lo tanto, la liberalización de la tasa de interés. Es decir, la tasa de interés de la economía pasaba a ser fijada por el mercado.

Por otro lado, la reforma financiera prohibía al Banco Central financiar los déficits públicos como sucedía durante la industrialización sustitutiva. De esta manera, a partir de dicha reforma el déficit del Estado empezó a ser financiado en el mercado financiero local y extranjero. Este fenómeno comenzó a generar el aumento de la deuda pública interna y externa.

Por otro lado, se produjo un aumento de la tasa de interés interna, incluso estableciéndose por encima de la tasa de interés internacional. En efecto, el incremento de la demanda de crédito por parte del sector público en el sistema financiero local junto con la liberalización de la tasa de interés interna condujo al aumento de la misma.

Este proceso se unió con otra política económica llevada a cabo por la dictadura: la liberalización de la cuenta de capital de la balanza de pagos; permitiendo que el sector privado, específicamente los grandes grupos económicos, pudieran pedir prestado dinero en el extranjero.

Todas estas modificaciones posibilitaron que el capital concentrado interno se endeudara en el exterior a una tasa de interés relativamente más baja para colocarla en el sistema financiero local a una tasa de interés más elevada, es decir, valorizaban financieramente en el mercado interno la masa dineraria que pedían prestada en el extranjero. De esta manera, comenzó a generarse, junto al aumento de la deuda externa pública, el gran incremento de la deuda externa privada argentina, motorizada por el capital concentrado interno.

Por último, con posterioridad a la crisis financiera argentina de 1981 y el estallido de la crisis mexicana al declarar la moratoria de su deuda externa en 1982, se estatizó la deuda externa privada. De esta manera, la deuda externa del sector privado, es decir, la deuda de los grandes grupos económicos, se transfirió al sector público.

Por ejemplo, se estatizó deuda externa a Celulosa Argentina por 1.500 millones de dólares,  a Cogasco por 1.350 millones, a Autopistas Urbanas por 950 millones de dólares, a Pérez Companc 910 millones, a Acindar se le estatizó 650 millones de dólares, a Bridas 600 millones, al Banco de Italia 550 millones de dólares, a Alpargata 470 millones y a Techint 350 millones de dólares [1] . Este proceso de estatización de la deuda externa privada si bien se inició durante la dictadura militar, concluyó a fines de la década del ochenta durante el gobierno de Alfonsín. 

Es así como el endeudamiento externo pasó de 8.280 millones de dólares en 1976 a 45.087 millones de dólares en 1983 [2] .

Es importante destacar que fue posible este espectacular endeudamiento por los cambios internacionales que se habían producido desde principio de los setenta. La suba del precio del petróleo producida en 1973 tuvo como resultado la aparición de los denominados “petrodólares”, esto es, los dólares generados por los países petroleros debido al aumento de sus ganancias y que fueron depositados en su gran mayoría en los bancos de los países europeos.

Esto generó una expansión enorme del mercado financiero internacional, con excesiva liquidez y, por lo tanto, con la necesidad imperiosa por parte de los bancos de prestar dicha cantidad de dinero. De esta manera, los grandes bancos receptores de estos “petrodólares”, ávidos de obtener nuevas plazas de colocación, se vieron atraídos por los países subdesarrollados, generando una importante cantidad de préstamos ofrecidos a estos países, especialmente a los países de América Latina, con bajas tasas de interés [3] .

La consecuencia inmediata de este proceso fue el abrupto aumento de la deuda externa Latinoamericana, y particularmente como vimos de la deuda externa argentina, a partir de mediados de los años setenta y como resultado de la gran competencia de los bancos internacionales para colocar su mayor capacidad prestable. Aprovechando, además, el relajamiento en el control y regulación de los mercados financieros internacionales y teniendo presente la crisis de los países centrales a principio de la década del setenta que había generado una caída en la demanda de crédito de los países desarrollados, obligando a los bancos a buscar nuevos clientes en los países periféricos.

En este contexto internacional fue que se produjo el gran incremento de la deuda externa en la región de América Latina. En 1960, la deuda del continente era de 7.200 millones de dólares mientras que en 1980 dicho monto pasó a ser de 243.000 millones de dólares, lo cual significó que en este lapso la deuda de Latinoamérica creció el 3.373% [4] .

El fuerte endeudamiento tornó a Latinoamérica, y específicamente a la argentina, en una región muy vulnerable ante los cambio de coyuntura de la economía internacional y, sobre todo, de los mercados financieros. En efecto, se transformaban en países dependientes de sus acreedores externos y de los organismos financieros internacionales, como por ejemplo el Fondo Monetario Internacional, al ser los encargados de controlar, coordinar y negociar la deuda de los distintos países de la región; asumiendo el papel de intermediarios entre los acreedores y los deudores. Así, estos organismo internacionales eran los encargados de controlar que los países deudores cumplieran con las metas pautadas para que, de esta forma, pudieran pagar sus respectivas deuda externa a sus acreedores.

El gobierno de Alfonsín: los planes de ajuste estructural recomendado por el Fondo Monetario Internacional. 

El gobierno de Alfonsín recibió una herencia económica y social muy delicada del gobierno militar: el país se hallaba en plena recesión y con una desocupación creciente, una inflación de más del 400%, una enorme deuda externa y sin reservas internacionales. Sin embargo, el principal problema con el cual se encontró el gobierno radical era el abultado endeudamiento externo de casi 45.000 millones de dólares que representaba aproximadamente el 70% del producto y era cinco veces superior a las exportaciones anuales [5] .

En el plano internacional en 1982 se produjo la crisis de la deuda como resultado de la moratoria mexicana. Esta crisis fue consecuencia del encarecimiento del crédito internacional a raíz del intento fallido del presidente Norteamericano Reagan para reducir el déficit fiscal, lo cual provocó el incremento de la tasa de interés de los Estados Unidos con el consecuente aumento en las tasas de interés de la deuda de los países subdesarrollados.

El resultado inmediato de este proceso fue la imposibilidad de cumplir con los servicios de la deuda por parte de las economías fuertemente endeudadas en los años anteriores; explotando esta situación con la moratoria unilateral declarada por México en agosto de 1982, desatando la crisis de la deuda en el continente Latinoamericano.

Esta crisis generó una permanente negociación entre los distintos acreedores y los países deudores, con importantes intervenciones de los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Estas negociaciones permitieron, en un primer momento, una salida concertada de la crisis.

Sin embargo, en una segunda etapa sirvieron exclusivamente para garantizar el cumplimiento del pago de la deuda y sus intereses a los acreedores por parte de los países deudores. La continuidad de pago se pudo cumplir a través de políticas de ajustes estructurales llevadas a cabo en todas las economías de América Latina, con la intención de generar un superávit primario necesario para pagar dichas deudas. Esto se llevó a cabo a pesar de todas las consecuencias negativas que estas políticas de ajuste acarreaban para las sociedades de los países deudores.

El plan de ajuste estructural consistía en la reducción del gasto público y el aumento de la recaudación tributaria que permitiera al Estado nacional conseguir un superávit primario con el objetivo de pagar la deuda externa pública.

Todo esto provocó una imposibilidad de crecimiento de estas economías con grandes costos sociales y, por lo tanto, con la permanente amenaza de no poder generar la capacidad de repago de la deuda; verificándose un circulo vicioso de ajuste seguido por una disminución del crecimiento, caída de los ingresos tributarios y la necesidad de un nuevo ajuste para cumplir con los acreedores externos. Estas políticas de ajustes fueron recomendadas y supervisadas por el Fondo Monetario Internacional.

En este contexto, y siguiendo estas políticas económicas, se encaminó el gobierno de Alfonsín. Mientras aplicaba políticas de ajuste con grandes costos sociales para hacer frente  a la deuda externa, culminaba el proceso de estatización de la deuda externa de los grandes grupos económicos que se había iniciado durante la dictadura militar. 

En el gobierno de Alfonsín se intentó llevar adelante una estrategia de obtener una balanza comercial favorable al mismo tiempo que se garantizara un superávit fiscal. Ambos objetivos tenían como única meta conseguir los recursos necesarios para el pago de los intereses de la deuda externa. En efecto, mientras que con el superávit comercial entraban las divisas a la economía argentina, con el superávit del sector público se generaban los saldos en dólares para que el Estado pudiera adquirir las divisas suficientes para el pago de los compromisos de la deuda.

Sin embargo, la estrategia económica seguida por el gobierno de Alfonsín fue sumamente recesiva al generar un circulo vicioso. Pues la reducción del gasto público con el objetivo de conseguir el superávit fiscal generó una reducción del nivel de actividad económica que si bien permitía la obtención de una balanza comercial favorable al reducir las importaciones y aumentar los saldo exportables como resultado de la caída del consumo, generaba al mismo tiempo una reducción en la recaudación tributaria que obligaba a un nuevo ajuste del gasto público que permitiera garantizar el superávit fiscal necesario.

Asimismo durante la década del ochenta se desató nuevas contradicciones del sector dominante introducidas con el modelo de valorización financiera entre los empresarios que actuaban en el país y los acreedores externos. Pues como resultado del fuerte endeudamiento externo generado a partir de la dictadura militar apareció un nuevo grupo dentro del sector dominante: los acreedores externos, cuyo único objetivo era cobrar sus deudas y los cuales se encontraban representados por el Fondo Monetario Internacional.

A fines de los años ochenta se produjo la quiebra del Estado debido a la imposibilidad de enfrentar las demandas de ambos grupos del sector dominante. Es decir, el colapso estatal se generó como consecuencia de no poder seguir pagando los compromisos de la deuda externa a través de las políticas de ajuste al mismo tiempo que mantener las demandas de los empresarios que participaban en la economía argentina, como por ejemplo, continuar con los subsidios implícitos de los regímenes de promoción industrial, mantener los sobreprecios a los proveedores estatales y enfrentar los intereses de la deuda interna.

Esta situación condujo en 1988 a la argentina a una moratoria externa de hecho, suspendiendo los pagos de la deuda externa. Demostrando, de esta manera, que las políticas económicas implementadas desde el Estado a fines de la década del ochenta se encontraban fuertemente influenciadas por los empresarios, consiguiendo que los acreedores externos, quienes presionaban a través de los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, alcanzaran solamente una participación secundaria en la redistribución del excedente generado internamente.

Sin embargo, la moratoria externa declarada por el gobierno radical produjo el estallido hiperinflacionario; pues son los bancos extranjeros, que eran parte de los acreedores externos y que se habían visto perjudicados por el default declarado por el Estado argentino, los que iniciaron la “corrida” en el mercado cambiario en febrero de 1989 desatando la primera crisis hiperinflacionaria que terminaría anticipadamente con el gobierno de Alfonsín.

El gobierno de Menem: la aplicación del Consenso de Washington.

 

Las políticas iniciada por el gobierno de Menem a principio de la década del noventa formaron parte de la aplicación de un shock institucional neoliberal que generó profundas transformaciones estructurales en la economía y la sociedad argentina. Este programa neoliberal se enmarcó en el denominado Consenso de Washington.

            En efecto, hacia fines de los años ochenta y principios de los noventa el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional produjeron, a partir de los fundamentos neoliberales, un conjunto de propuestas de política económica que fueron sistematizadas bajo la denominación del Consenso de Washington; estableciendo un conjunto de instrumentos de políticas destinadas a resolver los problemas de inestabilidad de las economías latinoamericanas.

De estas reuniones se elaboró un plan económico para los países en desarrollo con el objetivo de que puedan acceder al crédito internacional y retomar un sendero de crecimiento económico que al mismo tiempo les permita regularizar el tema de la deuda externa.

El Consenso de Washington implicaba una fuerte disciplina fiscal, lo cual se traducía en un ajuste estructural del gasto público; una reforma en el sistema tributario basado en los impuestos indirectos, generalizando el Impuesto al Valor Agregado, que significa la consolidación de un sistema tributario regresivo; la imposición de una apertura externa a los bienes y servicios extranjeros junto con una liberalización financiera y un programa de privatizaciones y desregulación de los mercados [6] .

Con el gobierno de Menem se llevaron a cabo la mayor parte de las políticas económicas recomendadas por el Consenso de Washington elaboradas por los organismos internacionales. Estas políticas neoliberales fueron complementadas con el modelo de Convertibilidad.

Las consecuencias económicas y sociales más importante de las políticas económicas aplicadas en la década del noventa fueron:

-          La desindustrialización de la economía argentina y el aumento de la simplificación productiva:  el sector financiero durante el régimen convertible continuó siendo el eje ordenador de los recursos de la economía argentina, desplazando nuevamente de esta función a la actividad industrial; dejando de ser el sector manufacturero el propulsor y dinamizador del resto de las actividades económicas tanto en términos productivos como en la creación de puestos de trabajo. Una de las consecuencias inevitables fue, entonces, un fuerte proceso de desindustrialización de la economía argentina. En segundo lugar, se incrementó el proceso de “simplificación productiva” con un creciente avance hacia actividades inferiores que no requieren un importante desarrollo desde el punto de vista tecnológico.

-           Primarización de las exportaciones y el auge importador de bienes industriales: este proceso de desindustrialización y de simplificación productiva sufrido por la economía argentina se vio reflejado en la evolución del comercio internacional. En primer lugar, a través de la primarización y la reducción del valor agregado, incluso de los productos industriales, de las ventas al extranjero realizadas por la economía argentina. En segundo lugar, como resultado del boom importador sobre todo con un fuerte componente de productos fabriles que terminaron sustituyendo a la producción nacional. 

-           El aumento de la  concentración económica: se produjo una profundización de la concentración económica, siendo las grandes empresas las únicas que se beneficiaron durante el Plan de Convertibilidad en términos de venta y nivel de utilidades. De esta manera, una de las contracara de dicho proceso de concentración económica fue la evolución negativa de las pequeñas y medianas empresas. El proceso de concentración económica puso en evidencia el impacto asimétrico y regresivo de las políticas económicas encaradas a principio de los años noventa.

-          El aumento de la deuda externa y la fuga de capitales: con el Plan de Convertibilidad se consolidó el modelo de valorización financiera lo cual implicó un incremento de la deuda externa pública y privada, siendo la contracara el crecimiento de la fuga de capitales al exterior. Nuevamente la valorización financiera fue encabezada por los grandes grupos económicos quienes se beneficiaron del endeudamiento externo y la transferencia de recursos al exterior.

-          La persistencia del déficit fiscal y el aumento de la deuda pública: durante este período persistió el déficit del sector público a pesar del programa de privatizaciones llevado a cabo durante la década del noventa. Durante este modelo económico se reemplazó la emisión monetaria por el aumento de la deuda pública para financiar los desequilibrios del Estado, sobre todo el endeudamiento externo con el objetivo de sostener la paridad cambiaria.

-          El aumento de la extranjerización de la economía argentina: con el modelo de Convertibilidad se expandió la extranjerización de la economía argentina con fuertes repercusiones negativas, como por ejemplo la escasa contribución a la formación de capital debido al predominio de la inversión extranjera vía fusiones y adquisiciones, el desplazamiento sobre las inversiones de las firmas locales, la contribución al deterioro de la cuenta corriente de la balanza de pagos debido a su tendencias a experimentar déficit comercial y el incremento de la remisión de utilidades y dividendos  y la tendencia a profundizar el perfil exportador de la economía argentina en bienes primarios.

-           El incremento de la exclusión social: durante este período se profundizó la exclusión social verificada en el aumento del desempleo, subempleo, sobreocupación, los trabajos no registrados, la expansión de la pobreza y de la indigencia y el aumento de la concentración del ingreso.

De nuevo, las consecuencias más relevantes de las políticas económicas aplicadas por la dictadura militar y que se legitimaron durante el gobierno de Alfonsín fueron profundizadas en los años noventa con el régimen de Convertibilidad. En este sentido, el régimen convertible significó una continuidad y profundización del modelo económico instaurado a mediados de la década del setenta.

Estas consecuencias demuestran el fracaso de las recetas implementadas por el Consenso de Washington impuestas por el Fondo Monetario Internacional.

 

El gobierno de Fernando De la Rua: el fin del Modelo de Convertibilidad.

 

El 10 de diciembre de 1999 asumía como presidente de la Argentina el Dr. Fernando de la Rua como resultado de la conformación de la Alianza entre la Unión Cívica Radical y el FREPASO (Frente Grande, País y el socialismo) encabeza por Carlos “Chacho” Alvarez. El gobierno de la Alianza mantuvo, e incluso profundizó los fundamentos del modelo económico establecidos por el gobierno de Menem.

De esta manera, el gobierno  terminó beneficiando a los actores económicos más concentrados de la economía argentina, nacionales y extranjeros, en detrimento de los sectores populares que vieron perjudicada aún más su situación social. En efecto, durante el gobierno de la Alianza empeoró la distribución del ingreso, el desempleo, subempleo, trabajadores en “negro”, pobreza e indigencia. En otras palabras, el gobierno de la Alianza fue enteramente funcional a los sectores dominantes deteriorando la situación económica y social de la clase trabajadora en particular y de los sectores de bajos ingresos en general.

Este fenómeno se vio claramente reflejado en la nueva ley de reforma laboral impulsada por el gobierno y finalmente sancionada por el Congreso de la Nación. En la misma se extendió el período de prueba, se abarató el costo laboral de los nuevos trabajadores y se estableció la obligación de renegociar todos los convenios de trabajo que existían en ese momento beneficiando de esta forma a los empresarios y cumpliendo con una de las exigencias del Fondo Monetario Internacional. 

En este contexto nacional se produjo el fin de la Convertibilidad iniciado durante la década del noventa. Cuando Fernando de la Rua asumió la presidencia de la Nación la economía argentina estaba atravesando una fuerte recesión iniciada a mediados de 1998. La salida de la Convertibilidad era obvia para muchos actores económicos y sociales, menos para el gobierno de la Alianza.

El modelo de Convertibilidad se sostuvo durante todo el gobierno de la Alianza gracias al endeudamiento externo del sector público, mientras que los grandes grupos económicos comenzaron a fugar su dinero al extranjero. Como dicha fuga era mayor al endeudamiento externo público se empezó a generar una  disminución de las reservas del Banco Central de la Republica Argentina, lo cual producía dentro de la lógica del modelo de Convertibilidad una fuerte caída de la base monetaria profundizando aún más la recesión económica, principalmente como consecuencia de la disminución del consumo. En este contexto entonces la única forma de aminorar la restricción monetaria era a través del endeudamiento externo del Estado para generar el ingreso de divisas.

Sin embargo, en esta dinámica se produjo un círculo vicioso que conduciría al fin del modelo de Convertibilidad profundizando la crisis económica y social. En efecto, los ingresos de divisas a través del crecimiento de la deuda pública externa eran automáticamente absorbidos por los grandes grupos económicos que los enviaban al extranjero a través de la fuga de capitales. Asimismo esto generaba un incremento de las tasa de interés de los préstamos, lo cual implicaba que el costo de financiamiento de la deuda pública externa era cada vez mayor. Este circulo vicioso ponía en evidencia la inviabilidad del modelo de Convertibilidad reflejado en el aumento permanente del riesgo país.

Pese a la fuerte recesión económica que estaba atravesando la economía argentina y los desajustes macroeconómicos que denotaban la insostenibilidad del modelo de Convertibilidad, en diciembre de 2000 el Fondo Monetario Internacional a cambio de un fuerte ajuste fiscal aprobó un paquete de asistencia financiera de 39.700 millones de dólares para la Argentina. Es decir, el Fondo Monetario Internacional sostuvo al modelo de Convertibilidad hasta las últimas consecuencias, conociendo la insostenibilidad económica y social del mismo.

En otras palabras, durante el gobierno de Fernando De la Rua, como resultado de la fuerte crisis económica y social en la cual estaba inmersa la Argentina, difícilmente se podía haber pagado los intereses y amortizaciones de la deuda externa.

Por tal motivo, en diciembre de 2000 el gobierno nacional acuerda con el Fondo Monetario Internacional el denominado “blindaje” que consistía en una “puesta a disposición sin desembolso” de aproximadamente 40.000 millones de dólares, que incluyó un acuerdo contingente con el Fondo Monetario Internacional por 13.500 millones de dólares, préstamos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo por 4.800 millones de dólares y de España por 1.600 millones de dólares [7] .

Esta operación financiera liderada por el Fondo Monetario Internacional buscaba evitar el default y garantizar de esta manera el cumplimiento en el pago de la deuda externa por parte del gobierno argentino.

Al mismo tiempo, y con el mismo objetivo, se encaró el denominado megacanje que consistió el canje de títulos de la deuda externa argentina por papeles a más largo plazo. En mayo de 2001 se concretó la reestructuración de la deuda.

Pero pese al blindaje y al megacanje el empeoramiento de la situación financiera del Estado nacional se profundizó. Por tal motivo, el 21 de agosto se anunció la política del déficit cero impuesta por el Fondo Monetario Internacional que implicaba una abrupta reducción del gasto público, con excepción del pago de la deuda externa. 

Sin embargo, debido a la incapacidad para restaurar la confianza, el sistema bancario continuó perdiendo depósitos a lo largo de todo el año 2001. A partir de 1999 se verificó una reducción del stock de crédito al sector privado que luego se junto con la disminución del volumen de los depósitos que a fines de 2001 se tradujo en una “corrida bancario” [8] . Ante la desconfianza los ahorristas en un primer momento transformaron los depósitos de pesos a dólares, pero luego comenzaron a retirar los depósitos de los bancos.

Dicho en otras palabras, en un contexto de una macroeconomía inestable se produjo a lo largo del 2001 una “corrida” de depósitos bancarios ante el temor de los ahorristas. Este pánico aceleró y profundizó el desenlace de la crisis económica.

Debido a este drenaje de depósitos se produjo el denominado “corralito” adoptado en noviembre de 2001, es decir, la restricción al retiro de dinero por parte del público, lo cual explicitaba el colapso bancario producto de la crisis económica que generó la salida del modelo de Convertibilidad. 

 El fin del modelo al concluir el 2001 profundizó la crisis económica que venía arrastrando la economía argentina desde mediados de 1998, agravando al mismo tiempo la crisis social al incrementarse la pobreza, el desempleo y empeorando la desigualdad en la distribución del ingreso.

En el 2001 la economía argentina verificó la crisis económica y social más importante de su historia, generada fundamentalmente por la aplicación de los planes económicos exigidos por el Fondo Monetario Internacional.

 

Conclusión final:

 

Cuando se analiza la trayectoria seguida por la economía argentina desde mediados de la década del setenta hasta el 2001 se vislumbra claramente el objetivo a largo plazo del Fondo Monetario Internacional en representación de los sectores dominantes nacionales y extranjeros.

            En efecto, el camino comenzó con la reforma financiera introducida por Martinez de Hoz que implicaba, entre otras cosas, la prohibición al Banco Central para financiar los déficits públicos. A partir de esta medida, se generó la necesidad por parte del Estado nacional de endeudarse para financiar sus déficits. Como resultado de la escasez de capitales domésticos, el Estado nacional debió recurrir a la deuda externa, colocando bonos en el mercado financiero internacional. Una vez que el proceso de endeudamiento se encontraba en marcha, la prioridad pasó a ser el de alimentarlo al mismo tiempo que cobrar intereses y comisiones.

            A partir de este momento, comenzó a ser fundamental obligar al Estado la aplicación de todas las medidas necesarias para garantizar el pago de los servicios de la deuda. En este sentido, el Fondo Monetario Internacional se transformó en la institución imprescindible para vigilar, fiscalizar y garantizar el pago de la deuda externa por parte del Estado argentino.

            De esta forma, los distintos paquetes del organismo internacional exigidos a la Argentina como contrapartida de ayuda financiera se centraron desde la reducción del gasto público que no corresponde al pago de la deuda externa a transformaciones estructurales como el programa de privatizaciones. 

Por lo tanto, este organismo internacional a partir de la década del ochenta, y utilizando como condicionante el fuerte endeudamiento externo generado durante la dictadura militar, ha intervenido en forma creciente en la aplicación de diferentes políticas económicas funcionales a los sectores dominantes, internos y externos, en detrimento de los sectores medios y populares a cambio de la posibilidad de acceder al financiamiento externo.

            En este sentido, el pago de la deuda externa al Fondo Monetario Internacional por parte del gobierno de Kirchner significa algo más que el proceso de desendeudamiento del Estado Nacional. Efectivamente, significa liberarse de una institución que a través de sus exigencias, en sintonía con los grupos dominantes, era un impedimento para el desarrollo social y económico del país.

 

Bibliografía:

 

Bleger, Leonardo; “Argentina, laboratorio de la financiarización de las economías en desarrollo” en La economía argentina y su crisis (1976-2001). Visiones institucionales y regulacionistas, Boyer, Robert y Neffa, Julio (coordinadores), 2004. 

 

Brenta, Noemí y Rapoport, Mario; “El FMI y la Argentina en los noventa: de la hipeinflación a la Hiperdesocupación” en Los guardianes del dinero. Las políticas del FMI en la Argentina, Naúm Minsburg coordinador

 

Lanata, Jorge; “Argentinos. Siglo XX: desde Yrigoyen hasta la caída de De La Rua”; Ediciones B Grupo Z, Buenos Aires, 2003.

 

Minsburg, Naúm; “La alianza entre el estabishment local y el FMI” en Los guardianes del dinero. Las políticas del FMI en la Argentina, Naúm Minsburg coordinador

 

Rapoport, Mario; “Historia económica, política y social de la Argentina (1880-2000)”, Ediciones Macchi, Buenos Aires, Argentina, 2000.

 



[1] Lanata, J. (2003).

[2] Lanata, J. (2003).

[3] Rapoport, M. (2000).

[4] Rapoport, M. (2000).

[5] Rapoport, M. (2000).

[6] Minsburg, Naúm (2003).

[7] Brenta, Noemí; Rapoport, Mario (2003).

[8] Bleger, Leonardo (2004).


 

Presentacion - Entrevistas - Actividades - Informes - Articulos - Publicaciones

© 2008 Copyright GEENaP. Todos los derechos reservados


Diseño y desarrollo www.estudiomola.com.ar