¿UN PLAN B PARA AFRONTAR LA
CRISIS “MUNDIAL”?
La primer cuestión que debe analizarse es la misma idea de crisis mundial. Esto es, periodistas,
intelectuales y políticos denominan a la actual crisis desatada en Estados
Unidos como mundial. Sin embargo, detrás de la idea de que estamos atravesando
una crisis mundial se esconde implícita o explícitamente un preconcepto.
En
efecto, cuando en un país o región periférica se desata una crisis nunca se la
denomina como mundial. Por ejemplo, la crisis de la deuda iniciada en 1982
cuando México declaró en forma unilateral el default de su deuda externa y que
terminó arrasando a toda la región latinoamericana nadie la denomino como
crisis mundial. Por el contrario, se la conoce como la crisis de la deuda de
los países latinoamericanos.
En
la actualidad, la crisis se desató en Estados Unidos afectando en forma
inmediata, debido a su fuerte relación comercial y financiera, a los países
europeos. Es decir, la crisis se inició en los países centrales. Tanto Estados
Unidos, como España y Alemania, confirmaron que en estos últimos trimestres sus
economías entraron en recesión. En
cambio, las economías latinoamericanas en general y la economía argentina en
particular, si bien presentan síntomas de desaceleración en sus respectivos
crecimientos, siguen creciendo a pesar de la recesión de los países centrales.
Pero más allá de esta evolución favorable de gran parte de las economías de
América Latina la mayor parte de los analistas denominan a la crisis actual
como mundial.
¿Cuál
es entonces el preconcepto que se encuentra detrás de esta idea? Que las crisis
de los países periféricos no se derraman hacia los países centrales y por lo
tanto no se pueden denominar como crisis mundial, pero que las crisis desatadas
en los países del centro se contagian automáticamente a todo el mundo. Sin
embargo, ninguna de las dos ideas es cierta.
Por
ejemplo, la crisis de la deuda a partir del default mexicano no se traslado a
los países centrales por la rápida acción del FMI. Efectivamente, el organismo
internacional a partir de la crisis de la deuda comenzó a actuar como
intermediario entre los acreedores externos y los países endeudados,
prestándoles dinero a cambio de los paquetes económicos impuestos por el FMI.
El objetivo principal del organismo internacional en representación de los
países centrales fue que las economías periféricas endeudadas pagaran los
compromisos contraídos en los años anteriores.
¿Qué
hubiera pasado si detrás de México, Brasil, Argentina y otras
economía periféricas hubieran declarado el default de su deuda externa?
En otras palabras, ¿qué hubiera sucedido si el FMI no hubiera actuado rápidamente
para garantizar el cumplimiento en el pago de la deuda por parte de las economía periféricas?
La
respuesta es sencilla: se hubiera producido una crisis en el sistema financiero
internacional lo cual hubiera generado que la crisis de la deuda se trasladara
inmediatamente a los países centrales. Por lo tanto, una primera conclusión que
se puede extraer es que no es cierto que las crisis generadas en la periferia
no se trasladan al centro, sino que la rápida acción
de los países centrales es lo que evita el contagio de las crisis.
Esta
conclusión nos permite analizar el otro punto: que las crisis desatadas en el
centro se trasladan en forma automática a la periferia. Esta idea de
inevitabilidad del contagio deriva en una conclusión: los países periféricos no
pueden hacer nada para evitar el contagio de las crisis de los países
centrales.
Por
eso ante esta incertidumbre lo que debemos tener en claro es que esto es una
crisis de los países centrales pero no es una crisis mundial debido a que gran
parte de las economías latinoamericanas, entre otras, siguen creciendo. Por
otro lado, no es inevitable que las crisis del centro se trasladen en forma
automática a los países periféricos.
El
contagio o no de la crisis del centro a los países periféricos dependerá de los
que realicen nuestros gobiernos para evitar el contagio. Así como los gobiernos
de los países centrales actuaron rápidamente en la crisis de la deuda para
evitar el contagio, en la actualidad los gobierno de
los países latinoamericanos deben actuar con la misma rapidez para evitar el
traslado de la crisis de los países centrales a nuestras economías.
Pero
entonces surge una pregunta central ¿qué deben hacer los gobiernos de los
países latinoamericanos en general y de la Argentina en particular para evitar
el contagio de la crisis de los países centrales?
El
crecimiento del producto depende del aumento de la demanda. A su vez, la
demanda puede ser externa y/o interna. Ante la crisis de las economías
centrales es inevitable que la demanda externa se contraiga. Por lo tanto, la
única forma de evitar el contagio es haciendo crecer la demanda interna.
Por
otro lado, es esperable que en un contexto de incertidumbre no sea el sector
privado el que motorice el aumento de la demanda interna. Por lo tanto, debe
ser el aumento de la inversión pública lo que debe permitir aumentar la demanda
interna para sostener el crecimiento económico. De nuevo, el papel del Estado
es central para evitar el contagio de la crisis del centro en nuestras
economías.
En
este sentido, la Argentina no necesita un Plan B para seguir creciendo. Lo que
necesita la economía argentina es profundizar el Plan A iniciado en el 2003 con
la asunción de Néstor Kirchner a la presidencia, donde la intervención del
Estado se transformó nuevamente en uno de los pilares centrales para el
crecimiento económico y la generación de puestos de trabajo.
De
esta forma, el fin de las AFJP es una medida central que permitirá la
utilización de esos recursos no para la especulación financiera que no genera
incremento de la demanda sino más bien para direccionar esa masa dineraria
hacia la inversión productiva y la inversión pública para así de esta manera
posibilitar el crecimiento de la demanda interna y permitir que la crisis de
los países centrales no se transforme en una crisis mundial.