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capitales en Argentina,

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en la Argentina: objetivos
y consecuencias,

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post convertibilidad,

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Eduardo Gorosito

EL PROGRAMA DE PRIVATIZACIONES EN LA ARGENTINA: OBJETIVO Y CONSECUENCIAS
Juan Santiago Fraschina
publicado en La revista Argentina de Economia y Ciencias Sociales,
Volumen X, Nº 15 Año 2006
______________________________________________________________________________


1) INTRODUCCIÓN:

A partir de la dictadura militar de 1976 se produjeron cambios sociales, políticos y económicos en la Argentina. Con las políticas económicas implementadas por esta dictadura se interrumpió el patrón de industrialización sustitutiva iniciado en 1930, cuyo objetivo principal era el proceso de industrialización de la economía argentina.

Desde 1930 hasta 1976 se desarrolló en la Argentina el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (I.S.I.); en el cual las distintas políticas económicas, más allá de sus particularidades y diferencias, tenían en líneas generales como objetivo central incrementar el proceso de industrialización del país. En otras palabras, la industrialización en este modelo de acumulación constituyó el objetivo común y permanente de las políticas económicas, siendo la protección arancelaria, el privilegio fiscal y el crédito subsidiado los principales instrumentos de las políticas para dicho fin [2] . De esta manera, desde 1930 hasta 1976 se genero un mecanismo de transferencia de recursos hacia el sector industrial.

Con la dictadura militar de 1976 se interrumpe dicho modelo de y se construyo un nuevo modelo de acumulación: el sistema de valorización financiera. Este nuevo modelo produjo profundas modificaciones de la situación imperante en la Argentina hasta ese momento.

El programa económico aplicado por la dictadura militar produjo una reversión completa de las políticas implementadas hasta ese momento, condenando los instrumentos utilizados en la industrialización sustitutiva y proponiéndose como objetivos la apertura de la economía, la libre operación de los mercados de capitales, la desregulación de los diferentes mercados y un proceso de privatizaciones; dando por finalizado la industrialización como objetivo de las políticas económicas.

Este nuevo modelo de acumulación trajo variadas consecuencias para la economía argentina, entre las cuales podemos destacar la concentración económica, la consolidación de un nuevo poder económico, el crecimiento abrupto de la deuda externa, el incremento de la fuga de capitales como contracara del endeudamiento externo y, por ultimo, un proceso de desindustrialización de la economía argentina.

También a partir de 1976 aparecieron nuevas contradicciones entre las distintas fracciones del sector dominante. Las diferentes crisis que se originaron a partir de la dictadura militar, incluso con el retorno de la democracia en 1983 donde se legitima y profundiza el modelo de valorización financiera, fueron justamente consecuencias de estas pugnas; aunque la resolución de dichas crisis tuvieron siempre la misma consecuencia, es decir, un nuevo proceso de concentración del ingreso.

Un ejemplo de estas crisis fue la hiperinflación a fines de la década del ochenta, en la cual se había planteado la contradicción entre los acreedores externos, que reclamaban el pago de la deuda externa, y los empresarios locales, que presionaban por la permanencia de los subsidios implícitos de los regímenes de promoción industrial, mantener los sobreprecios a los proveedores estatales y enfrentar los intereses de la deuda interna. 

La resolución de esta crisis hiperinflacionaria se produjo en el gobierno de Menem por medio de un nuevo proceso de transferencia de recursos a los sectores dominantes principalmente a través de una nueva concentración del ingreso, básicamente como consecuencia del aumento abrupto del desempleo; la privatización del sistema jubilatorio, la reducción de diversos aportes patronales y, por último, el tema de este trabajo, el programa de privatización de las empresas públicas.

La política de privatización iniciada por el gobierno de Menem a principio de la década del noventa formo parte de la aplicación de un shock institucional neoliberal que generó profundas transformaciones estructurales en la economía y la sociedad argentina. Este programa neoliberal, que se enmarcó en el denominado Consenso de Washington, retomó los ejes estratégicos del gobierno militar, como por ejemplo, la subrogación del Estado, la conformación de un régimen de acumulación excluyente, la consolidación hegemónica de un grupo reducido de empresarios, nacionales y extranjeros, y la valorización financiera como eje ordenador de la economía.

En este sentido el programa de privatización de empresas públicas constituyó uno de los factores fundamentales del shock neoliberal. En este trabajo se analizarán los distintos impactos y consecuencias de la transferencia de las empresas públicas al sector privado a principio de los años noventa, es decir, al inicio del gobierno de Menem.  

 

2) OBJETIVO DE LAS PRIVATIZACIONES:

 

La década del ochenta finalizó con una crisis hiperinflacionaria, desatada por las nuevas contradicciones del sector dominante introducidas con el modelo de valorización financiera entre los empresarios que actuaban en el país y los acreedores externos. Como resultado del fuerte endeudamiento externo generado a partir de la dictadura militar apareció un nuevo grupo dentro del sector dominante: los acreedores externos, cuyo único objetivo era cobrar sus deudas.

A fines de los años ochenta se produjo la quiebra del Estado debido a la imposibilidad de enfrentar las demandas de ambos grupos. Es decir, el colapso estatal se generó como consecuencia de no poder seguir pagando los compromisos de la deuda externa a través de las políticas de ajuste al mismo tiempo que mantener las demandas de los empresarios que participaban en la economía argentina, como por ejemplo, continuar con los subsidios implícitos de los regímenes de promoción industrial, mantener los sobreprecios a los proveedores estatales y enfrentar los intereses de la deuda interna.

Esta situación condujo a la Argentina en 1988 a una moratoria externa de hecho, suspendiendo los pagos de la deuda externa. De esta manera,  se demostró que las políticas económicas implementadas desde el Estado a fines de la década del ochenta se encontraban fuertemente influenciadas por los empresarios, consiguiendo que los acreedores externos, quienes presionaban a través de los organismos internacionales como el F.M.I., alcanzaran solamente una participación secundaria en la redistribución del excedente generado internamente.

Sin embargo, la moratoria externa declarada por el gobierno radical produjo el estallido hiperinflacionario; pues fueron los bancos extranjeros, que eran parte de los acreedores externos y que se habían visto perjudicados por el default declarado por el estado argentino, los que iniciaron la “corrida” en el mercado cambiario en febrero de 1989 desatando la primera crisis hiperinflacionaria que terminaría anticipadamente con el gobierno de Alfonsín.

El gobierno de Menem resolvió las contradicciones entre las diferentes fracciones de la clase dominante  que nos había llevado a la crisis hiperinflacionaria a través de diversas políticas que beneficiaron a los grupos económicos y a los acreedores externos, y que perjudicaron a los sectores populares.

En primer lugar, por medio de una nueva concentración del ingreso, principalmente como consecuencia del aumento inédito en la tasa de desocupación. Es decir, la contrapartida a la consolidación de las distintas fracciones de la clase dominante fue la crisis del mercado de trabajo producida durante los años noventa, cristalizada en el aumento del desempleo, la subocupación y los trabajos precarios, lo cual tuvo una enorme repercusión en el fuerte incremento de la pobreza, la indigencia, la marginación de amplios sectores de la población y la reducción del salario real promedio.

De esta manera se generó un nuevo avance del capital sobre el trabajo, el cual estaba estrechamente relacionado con las políticas económicas implementadas, como las privatizaciones, la apertura económica, la desregulación de los mercados (principalmente del mercado de trabajo) y el consecuente proceso de desindustrialización de la economía argentina.

En segundo lugar, la privatización del sistema jubilatorio y su transferencia a las Aseguradoras de Fondos y Jubilaciones de Pensión (A.F.J.P.) y la reducción de diversos aportes patronales [3] también constituyeron grandes transferencias de recursos al sector dominante local y, además, generaron un gran incremento en los déficits fiscales al provocar un fuerte impacto negativo sobre los ingresos del Estado.

Entre 1994 y 2000, los recursos fiscales transferidos al capital concentrado local por parte del sector público mediante la reducción de los aportes patronales alcanzaron a 16.057 millones de pesos, que sumados a los recursos transferidos a través de las restantes reducciones vinculadas con el mercado de trabajo, como por ejemplo, los aportes al sistema de obras sociales, el monto ascendió a 29.960 millones de pesos. Para obtener la totalidad de recursos que el Estado transfirió durante este periodo a los grupos dominantes locales le debemos sumar los aportes jubilatorios transferidos por el Estado a las A.F.J.P., totalizando un monto de 52.332 millones de pesos transferidos entre 1994 y 2000 [4] .

Esta cifra es considerablemente mayor a los ingresos recibidos por el Estado a través de las privatizaciones de las empresas públicas. Dicho ingreso ascendió a 7.457 millones de pesos entre los años 1994 y 2000 y a 26.810 millones de pesos entre los años 1991 y 2000, comparación que permite remarcar la significación de los montos transferidos al sector dominante local mediante la reducción de los aportes patronales y la privatización del sistema jubilatorio, ya que estas transferencias representaron el 602% de los ingresos recibidos por el sector público por medio de las privatizaciones entre 1994 y 2000 y el 95% más elevado que los ingresos percibidos por el Estado por ese mismo concepto entre 1991 y 2000 [5] .

Analizando el déficit fiscal acumulado efectivamente registrado desde 1994 a 2000 el monto fue de 54.615 millones de pesos, es decir, el 2,8% del P.B.I.. Sin embargo, si el Estado hubiera percibido los ingresos transferidos al sector dominante local a través de la reducción de los aportes patronales y la privatización del sistema jubilatorio, el monto del déficit público hubiera sido de 2.282 millones de pesos, es decir, el 0,5% del P.B.I [6] .. Estas cifras nos muestran claramente que el problema del déficit fiscal y, por lo tanto, la necesidad del endeudamiento público fue una consecuencia de las transferencias de ingresos por parte del Estado a la fracción dominante local.

En tercer lugar, y el tema que nos interesa en este trabajo, las privatizaciones llevadas a cabo en los años noventa fueron fundamentales para aminorar las contradicciones entre las diferentes fracciones del sector dominante al beneficiarse tanto los acreedores externos como los grupos económicos que actuaban en el país, quienes conformaron una “comunidad de negocios” alrededor de las empresas estatales privatizadas.

A principio de la década del noventa se produjeron dos procesos estrechamente relacionados entre sí que fueron las privatizaciones y la aparición de las asociaciones que se hicieron cargo de las empresas estatales.

En la propiedad de estas nuevas asociaciones convergieron: por un lado, grupos económicos locales y conglomerados extranjeros que ya eran importantes en la década del ochenta y, por el otro, capital extranjero que iniciaban su actividad en la economía argentina en los años noventa.

Por tal motivo, uno de los fenómenos más relevante de los primeros años de esta década fue el proceso de privatización de las empresas públicas que dieron lugar a la conformación de una serie de consorcios, en los cuales participaron las diferentes fracciones de los grupos dominantes, que se van a convertir en las empresas de mayor facturación y rentabilidad de la economía argentina y que, por lo tanto, cumplían un papel fundamental para disminuir las contradicciones en el sector dominante.

En otras palabras, para los acreedores externos las privatizaciones permitieron restablecer el pago de los servicios de la deuda externa a través de la implementación de un mecanismo de capitalización de los títulos de la deuda en la transferencia de las empresas públicas. Por otra parte, para los grupos económicos locales y los conglomerados extranjeros radicados en el país, el proceso de privatizaciones implicó, al participar en los consorcios adjudicatarios de las empresas públicas, la apertura de nuevos mercados y áreas de actividad con un reducido riesgo empresarial y altas tasas de ganancias, en la medida en que se trataba de la transferencia de activos a ser explotados en mercado mono u oligopolicos con mercados cautivos y marcos regulatorios deficientes; situación que permitió a las asociaciones imponer sus intereses en la estructura de precios relativos, garantizándoles una elevada y creciente rentabilidad.

De esta manera, mediante la privatización de las empresas estatales, pudieron converger los intereses de los acreedores externos y del capital concentrado interno y las contradicciones de la década del ochenta se transformaron en un circulo “virtuoso” de asociación y convergencia de las distintas fracciones del sector dominante.  

Como conclusión podemos decir que a pesar que el conflicto generado por el proceso hiperinflacionario iniciado en 1989 fue entre los empresarios que actuaban en la economía argentina y los acreedores externos, en la resolución de esta crisis se vieron afectados tanto los trabajadores como el aparato estatal, permitiendo mitigar las contradicciones del sector dominante debido a que tanto en la concentración del ingreso, la privatización del sistema jubilatorio, la reducción de los aportes patronales y, por ultimo, con el proceso de privatizaciones de las empresas públicas se beneficiaron tanto los acreedores externos como el capital concentrado interno.

 

3) MARCO REGULATORIO Y NORMATIVO DE LAS PRIVATIZACIONES [7] :

 

En casi todos los servicios públicos privatizados en la Argentina , se ha utilizado el sistema de regulación tarifario conocido como de price cap, o de precio máximo. Este sistema se caracteriza por concentrar la acción reguladora en los precios máximos que pueden percibir las empresas privatizadas, que en su gran mayoría eran monopolios u oligopolios, por la prestación de los servicios [8] .

La metodología utilizada en el sistema de regulación tarifaría price cap es la siguiente: primero se fija un precio tope de las tarifas, donde se concentrará el sistema de regulación. Luego a este precio máximo se lo actualizará en forma periódica por un factor que conjuga dos variables: la evolución de los precios domésticos (IPD) [9] y el factor de ajuste (X) asociado a la eficiencia empresaria que debe incluirse restando a la evolución de los precios domésticos. De esta manera, la formula para la actualización del precio máximo es “IPD-X”, donde X constituye el coeficiente de eficiencia.

Los objetivos que busca satisfacer el sistema price cap y que, por lo tanto, lo vuelve en teoría un sistema de regulación ventajoso son:

a)       Minimizar los requerimientos de información por parte del organismo regulador y, de esta forma, reducir los problemas que plantean las asimetrías de información.

b)      Beneficiar a los usuarios al transferirles los aumentos de productividad de las empresas a través de tarifas reales decrecientes en el tiempo, reflejado en el factor de eficiencia “X”.

c)       Que la actualización de las tarifas no estén relacionadas con costos o precios que pueden ser manipulados por las empresas reguladas.

d)       Que las compañías reguladas cuenten con suficientes incentivos para incrementar su eficiencia microeconómica, debido a que esto genera beneficios que pueden ser internalizados por las empresas reguladas hasta que se transfieran a las tarifas en el momento de la actualización. Por lo tanto, se generaría un circulo virtuoso donde las empresas incrementan su eficiencia, aumentan temporariamente sus beneficios hasta que se ajusten las tarifas, lo cual provocaría una reducción de las tarifas a través del factor de eficiencia “X” beneficiando a los consumidores de dicho servicio, pero provocando al mismo tiempo nuevos incentivos a las empresas reguladas para aumentar su eficiencia empresaria para poder internalizar mayores beneficios que luego desaparecerán con la reducción de tarifas en el momento del nuevo ajuste.

e)       Los procedimientos de ajuste de las tarifas son relativamente automáticos sin grandes costos de información y de regulación.

Sin embargo, existen distintos procedimientos a partir de los cuales se pueden erosionar las distintas ventajas que conlleva este sistema de regulación tarifaría. En particular, en la Argentina se aplicaron durante la década del noventa varios de estos mecanismos con el objetivo de beneficiar a la “comunidad de negocios” que se hicieron cargo de las empresas públicas privatizadas; generándose una creciente distorsión en la estructura de precios y rentabilidades de la economía argentina a favor de las empresas privatizadas reguladas, avanzando al mismo tiempo hacia la consolidación estructural del bloque de poder económico y de un modelo de acumulación crecientemente concentrador y excluyente.

Entre los “mecanismos desvirtuantes” que se llevaron adelante en el sistema de regulación tarifaría de las empresas privatizadas en la Argentina podemos mencionar los siguientes:

a)       Uno de los problemas fundamentales en la implementación del price cap es la determinación del nivel tarifario base a partir del cual comienzan a aplicarse los posteriores ajustes tarifarios. La característica principal en las privatizaciones argentinas con respecto a este tema fue la fijación de tarifas base que les garantizaron desde el inicio a las asociaciones que se hicieron cargo de las empresas públicas, grandes márgenes de ganancias permitiéndoles concentrar porciones crecientes del ingreso nacional. Por ejemplo, en el caso de ENTEL, donde al cabo de los diez meses previos a su privatización el valor del pulso telefónico se incrementó en dólares norteamericanos más de siete veces, generó que los precios de partida luego de la transferencia de las empresas al sector privado fuesen muy elevadas comparándolas incluso a nivel internacional. Lo importante es que lo sucedido en el ámbito telefónico no fue un caso aislado, sino más bien el denominador común en las privatizaciones argentinas. En todas ellas la fijación de precios topes iniciales garantizaban desde el inicio de la prestación privada del servicio abultados ingresos por venta y elevadas tasas de ganancias. Por otro lado, como consecuencia de esto la reducción tarifaría debido a la aplicación del factor de eficiencia “X” se torno prácticamente insignificante en la realidad.

b)      Un segundo “mecanismo desvirtuante” en la regulación tarifaría de tipo price cap para los servicios públicos privatizados durante la década de los noventa, fue la gran demora para transferir a los usuarios las ganancias recibidas por las asociaciones que se hicieron cargo de las empresas públicas como consecuencia de la mayor productividad registrada por las empresas prestatarias; garantizando, de esta forma, la persistencia temporal de elevados márgenes de ganancias para los consorcios adjudicatarios, al permitir la internalización de altas tasas de beneficios por un prolongado periodo de tiempo. Por ejemplo, en el caso de las telecomunicaciones hasta fines de 1999 no se contempló ningún tipo de revisión tarifaría. En el caso del gas natural recién después del quinto año de la privatización se realizó la primera revisión tarifaría. En el caso de la energía eléctrica la primer revisión tarifaría se tendría que haber realizado a los diez años de la privatización y, sin embargo, nunca se efectuó. Por lo tanto, podemos concluir que, ante estas demoras en el traslado a las tarifas de las ganancias conseguidas por la mayor eficiencia empresaria de las compañías prestatarias, la ventaja del factor “X” del sistema de regulación price cap fue inexistente o casi nulo.

c)       Podemos mencionar como un tercer “mecanismo desvirtuante” la aplicación de cláusulas ilegales de ajustes periódicos de las tarifas, como la utilización de la evolución de precios ajenos a la economía local que poco o nada reflejan el comportamiento de los costos de las empresas que funcionan en la economía del país, para actualizar en forma periódica las tarifas. Más específicamente, esto se trata de la “dolarización” de las tarifas como paso previo para el establecimiento de cláusulas de indexación de las mismas en función a la variación del índice de precios al consumidor al mayorista, o una combinación de ambos, de los Estados Unidos. Este “mecanismo desvirtuante” generó un doble beneficio para las asociaciones que participaron de las privatizaciones: ¡) contaron con un seguro de cambio para resguardarse de cualquier contingencia de la política cambiaria, o dicho de otra manera, sus ingresos estaban dolarizados y 2)  ajustaron las tarifas teniendo en cuenta los índices de precios estadounidenses cuya evolución fue mayor que los índices de precios locales. Tomando el periodo de enero de 1995 a diciembre de 2001, mientras en la Argentina   los precios mayorista como los minoristas registraron una disminución aproximada del 3%, en los Estados Unidos el índice de precios al consumidor tuvo un aumento acumulado de aproximadamente un 18% y los mayoristas crecieron alrededor de un 7%. Por lo tanto se puede concluir que los ajustes periódicos en las tarifas de los servicios privatizados durante los años noventa fueron superiores a la inflación local, que incluso a partir de la segunda mitad de dicha década la economía argentina se sumergió en un periodo deflacionario. Esta situación implicó una abrupta transferencia de ingresos hacia los consorcios que adquirieron las empresas públicas. Se calcula que entre 1999 y 2001 las compañías privatizadas prestadoras de servicios públicos se apropiaron aproximadamente de 10.000 millones de dólares como resultado de haber ajustado sus tarifas a partir de la evolución de los índices de precios norteamericanos. De esta manera, se erosiona la teórica ventaja del sistema de regulación price cap de tarifas reales decrecientes. Por el contrario, no sólo las tarifas de los servicios públicos privatizados no fueron decrecientes en términos reales, sino que además en un contexto macroeconómico como el de la década del noventa de deflación de precios y salarios, las tarifas se incrementaron fuertemente como consecuencia de la aplicación de estas cláusulas ilegales mencionados anteriormente.

d)       Por último, debemos señalar las permanentes y muy poco transparentes renegociaciones contractuales que se fueron realizando en los distintos servicios públicos privatizados. Incluso estas renegociaciones comenzaron poco tiempo después de llevarse a cabo las privatizaciones, constituyéndose  en uno de los rasgos distintivos del proceso privatizador. En la mayoría de los casos los objetivos de estas renegociaciones era la alteración de las tarifas a favor de los consorcios prestatarios de los servicios, modificar los compromisos de inversión de las empresas (los cuales generalmente nunca fueron cumplidos), alterar los plazos de las concesiones y/o la introducción de nuevas cláusulas de ajustes. En este sentido, todas las renegociaciones llevadas a cabo tendieron a beneficiar a los prestadores de los distintos servicios y en detrimento de los usuarios, preservando o acrecentando sus elevados ingresos y sus beneficios extraordinarios.

En síntesis, todos estos “mecanismos desvirtuantes” al sistema de regulación tarifaría conocido como de price cap que estuvieron presentes en las privatizaciones argentinas realizadas en los años noventa demuestra la plena funcionalidad de la regulación pública de los servicios privatizados para los sectores dominantes que participaron en el proceso privatizador, entre los cuales encontramos a los grupos económicos locales pero también a buena parte del capital extranjero, permitiéndoles consolidarse como el núcleo hegemónico del poder económico en el país.

La debilidad y la precariedad del sistema de regulación que ha caracterizado a estos procesos de privatización se manifiesta por la inexistencia o constitución tardía de marcos regulatorios, en el establecimiento de “precio base” muy elevados, en la demora para trasladar a las tarifas las ganancias de eficiencia de las compañías prestatarias, la aplicación de cláusulas ilegales de ajuste periódicos de las tarifas utilizando los índices de precios norteamericanos y las recurrentes renegociaciones contractuales que permitieron preservar, o incluso acrecentar, los ingresos de privilegio de las firmas prestatarias. Esto condujo a que los usuarios argentinos tuvieran que pagar tarifas sumamente elevadas y que los consorcios se pudieran apropiar de una cuantiosa masa de beneficios.

De nuevo, se pone de manifiesto la plena funcionalidad normativa y regulatorio respecto de las firmas prestatarias de los servicios públicos al generar las condiciones para un contexto operativo de privilegio, delimitando un nulo riesgo empresario y produciendo condiciones que aseguraran altas tasas de ganancias de las cuales gozaron las asociaciones adjudicatarias mencionadas.

 

4) TARIFAS Y GANANCIAS DE LAS EMPRESAS PRIVATIZADAS:

 

Luego de las privatizaciones, muchas de las empresas de servicios públicos incrementaron la productividad y la eficiencia de las mismas, mejorando incluso la calidad de sus prestaciones, sobre todo si se las compara con los parámetros evidenciados durante la década del ochenta y principios de los noventa.

Estos incremento de la productividad de las empresas de servicios públicos, que implicó además como dijimos una mejora en la calidad, se tradujo en disminuciones de los costos operativos, pero que, sin embargo, no se tradujeron en disminución de las tarifas. Por el contrario, los incrementos de las tarifas estos servicios no reflejó, en la mayoría de los casos, los importantes incrementos de productividad registrados por las empresas privatizadas.

En otras palabras, las ganancias de eficiencia de las compañías prestatarias, como señalamos anteriormente, no se trasladaron a las tarifas que pagaron los usuarios como prefijaba el coeficiente de eficiencia “X” en el sistema de regulación tarifario aplicado, es decir, el mecanismo conocido como price cap.

Por ejemplo, para el periodo comprendido entre marzo de 1991, cuando se lanza el Plan de Convertibilidad, y diciembre de 1998 la tarifa promedio del gas natural se incremento un 37,3% [10] , siendo el incremento registrado por la tarifa residencial mayor que el aumento de las tarifas no residenciales abonadas por los usuarios industriales. .

Es importante destacar que el incremento más importante de las tarifas del gas se dio antes de la privatización ocurrida en enero de 1993. En efecto, desde el inicio del Plan de Convertibilidad y la privatización de la ex gas del Estado, la tarifa promedio del gas aumentó un 30,0%, donde nuevamente la mayor parte del incremento se produjo en las tarifas residenciales que crecieron en este periodo, es decir, entre marzo de 1991 y enero de 1993, un 101,2% [11] .

Lo mismo sucedió en el caso del servicio básico telefónico que entre marzo de 1991 y diciembre de 1998 el incremento del costo del servicio telefónico fue del 41,5%. Sin embargo, también el aumento más destacable se produjo antes de la transferencia del servicio público a manos privadas: entre enero de 1990 y noviembre del mismo año, cuando se efectuó la privatización de ENTEL, el valor del pulso telefónico, medido en dólares estadounidense, aumento un 711%, es decir, paso de 0,47 centavos a 3,81 centavos de dólar [12] .

De esta forma, las empresas públicas privatizadas fueron precisamente las firmas que obtuvieron en forma sistemática los mayores márgenes de beneficios en la economía argentina.

 

 

Cuadro Nº 1: Evolución de la tasa de rentabilidad sobre ventas de la elite empresaria local (las doscientas empresas de mayor facturación del país) según el vinculo de las firmas con el proceso de privatizaciones. 1993-2001 (porcentajes).

AÑO

Privatizadas

Vinculadas a las privatizaciones**

No vinculadas a las privatizaciones

Total

1993

11,0

3,4

2,6

4,5

1994

10,5

5,3

4,1

5,6

1995

12,8

9,8

2,3

5,8

1996

11,2

6,4

1,1

4,3

1997

12,2

9,2

0,8

4,7

1998

10,4

6,2

0,9

3,8

1999

7,8

4,4

-0,3

2,4

2000

8,8

6,7

-1,2

2,4

2001

4,9*

5,4

-2,3

0,5

Prom. 93/01

9,7

6,4

0,7

3,6

* La caída en la rentabilidad de las empresas privatizadas en el 2001 se explica, fundamentalmente, por las pérdidas que registró Aerolíneas Argentinas, en el orden de los 392 millones de pesos.

** Se tratan de aquellas firmas que participan en la propiedad accionaría de algunas de las empresas privatizadas.

Fuente: Azpiazu, Daniel; Schorr, Martín “Los impactos regresivos de las privatizaciones en la Argentina : ¿”errores de diseño” o funcionalidad frente a los intereses del poder económico?” en La economía argentina y su crisis (1976-2001). Visiones institucionales y regulacionistas, Boyer, Robert y Neffa, Julio (coordinadores). 

 

 

Como muestra el cuadro Nº 1, las tasas de rentabilidad sobre venta de las prestadoras privadas de servicios públicos entre 1993 y 2001 fueron siempre muy superiores a las registradas por el conjunto de la elite empresaria local y holgadamente superior a la tasa de rentabilidad sobre venta de aquellas empresas lideres no vinculadas a los procesos de privatización. En efecto, mientras la tasa promedio de rentabilidad sobre venta entre 1993 y 2001 para las empresas privatizadas fue de 9,7%, esta misma tasa promedio para el conjunto de las doscientas empresas de mayor facturación del país fue 3,6%. Del mismo modo, mientras que la tasa de rentabilidad sobre venta promedio entre 1993 y 2001 para las empresas privatizadas fue, como dijimos, del 9,7%, la misma tasa promedio para las empresas lideres no vinculadas al proceso de privatización fue 0,7%.

Pero además no sólo fue elevado los márgenes de rentabilidad sobre ventas de las empresas privatizadas durante la década del noventa, sino que también fueron elevadas las tasas de retorno sobre el patrimonio neto de estas empresas.  

 

 

Cuadro Nº 2: Evolución de la rentabilidad de las empresas privatizadas, 1994-1999 (porcentaje).

Sector

1994

1995

1996

1997

1998

1999*

Promedio 94-99

Rentabilidad/Patrimonio neto

17,4

17,3

14,3

15,1

14,0

14,2

15,4

Concesiones viales**

40,3

26,6

19,0

23,8

19,1

S/d

25,8

Gas natural

13,7

11,8

10,1

10,5

10,2

10,3

11,1

Energía eléctrica

-0,4

5,8

6,9

7,5

8,3

5,5

5,6

Telecomunicaciones

13,3

13,5

10,3

12,4

15,1

13,3

13,0

Agua y servicios cloacales

20,1

28,9

25,4

21,1

17,1

27,6

23,3

Sector

1994

1995

1996

1997

1998

1999*

Promedio 94/99

Rentabilidad/Ventas

11,3

13,1

12,0

12,7

11,9

12,7

12,3

Concesiones Viales**

11,6

9,6

7,5

9,7

9,4

S/d

9,6

Gas natural

19,4

17,0

14,6

15,5

15,1

14,0

15,9

Energía Eléctrica

-0,4

7,5

8,9

9,3

10,1

6,5

7,0

Telecomunicaciones

17,0

16,4

13,8

15,5

13,4

12,4

14,8

Agua y servicios cloacales

8,7

14,8

15,4

13,7

11,5

18,0

13,7

* La rentabilidad promedio de los sectores seleccionados en el año 1999 fue calculada excluyendo a los concesionarios viales.

** La rentabilidad promedio corresponde al quinquenio 1994-1998

Fuente: Azpiazu, Daniel; Schorr, Martín “Los impactos regresivos de las privatizaciones en la Argentina : ¿”errores de diseño” o funcionalidad frente a los intereses del poder económico?” en La economía argentina y su crisis (1976-2001). Visiones institucionales y regulacionistas, Boyer, Robert y Neffa, Julio (coordinadores). 

 

Como muestra el cuadro N º 2 las empresas de servicios privatizadas obtuvieron entre 1994 y 1999 una rentabilidad media sobre patrimonio del orden del 15%; donde en casi todos los sectores, salvo en la distribución de energía eléctrica, la tasa de rentabilidad media sobre patrimonio siempre supero el 10%. Estas cifras contrastan con lo sucedido en las cien empresas más grandes del país, excluyendo las empresas privatizadas, donde, por ejemplo, la rentabilidad media sobre patrimonio neto en 1999 fue de 3,4%.

Al respecto, es importante agregar que los rasgos de los mercados involucrados en las empresas privatizadas, es decir, mercados monopólicos u oligopolicos con demandas cautivas, conllevaban un menor riesgo empresario que el del resto de las empresas que actúan en el país. Esto sugeriría que la tasa de ganancias de las empresas privatizadas deberían ser inferiores al del resto de las empresas no vinculadas con el proceso de privatizaciones, al tener un mayor riesgo empresario por no poseer, en muchos casos, las condiciones ventajosas de las privatizadas.

Sin embargo, como vimos, las tasas de rentabilidad internalizadas por los consorcios adjudicatarios de las empresas públicas privatizadas fueron superiores a la tasa de ganancia del resto de las empresas lideres no vinculadas al proceso de privatización. Este hecho depende, principalmente, como ya se dijo, al entorno normativo y regulatorio en el cual se desenvolvieron las empresas privatizadas durante la década del noventa, es decir, al establecimiento de precios base muy elevados, la falta de traslado a las tarifas de las ganancias obtenidas a través de la mayor eficiencia de las compañías prestatarias de los servicios públicos privatizados, la aplicación de cláusulas de ajuste periódicas de las tarifas por medio de los índices de precios norteamericanos y las permanentes renegociaciones de los contratos a favor de las privatizadas y en contra de los usuarios.

Incluso, los márgenes de ganancia de las empresas privatizadas no solo fueron elevados si se los compara con los beneficios del resto de las empresas que actúan en la economía argentina, sino que también se observa este mismo hecho si se la compara a nivel internacional.

Por ejemplo, los márgenes de rentabilidad promedio registrada por Aguas Argentina durante la década del noventa fue de aproximadamente el 23 % del patrimonio neto y del 14% de sus ventas anuales. Mientras que en Estados Unidos las tasas de beneficios sobre el patrimonio neto de las empresas encargadas del agua obtenidas en 1991 fluctuaron entre un mínimo del 6% y un máximo del 12,5%; en el Reino Unido la tasa de ganancia para el sector del agua se ubico entre el 6% y el 7% y, por ultimo, en Francia la tasa de retorno de dicho sector se ubico alrededor del 6% [13] .

Pero lo sucedido con Aguas Argentinas no es un hecho aislado, sino más bien que se repite de manera sistemática en el resto de las empresas públicas privatizadas. Lo mismo sucedió con la empresas telefónicas, donde tanto Telefónica como Telecom. percibieron elevadas tasas de beneficios, significativamente superiores a las ganancias percibidas por sus pares internacionales. El margen de rentabilidad sobre ventas de Telefónica de Argentina y Telecom. Argentina prácticamente triplicaron, en promedio, a la tasa del grupo de las diez empresas más importantes del mundo en telecomunicaciones. Por ejemplo, Telefónica de Argentina obtuvo en el periodo que va desde 1994 a 1999 un margen medio de beneficios sobre renta que prácticamente duplicó al que obtuvo la casa matriz en España. Esta situación se profundiza al analizar el caso de Telecom Argentina: la tasa de rentabilidad promedio que obtuvo esta empresa en la Argentina fue más de tres veces superiores a las que registraron en sus respectivos países de origen sus accionistas mayoritarios, es decir, France Telecom. y Telecom. Italia [14] . 

Por ultimo, esta misma situación se repite al analizar a las dos transportistas de gas natural que actúan en la argentina. Entre el periodo 1993 y 2001 la Transportadora de Gas del Norte y la Transportadora de Gas del Sur registraron una tasa media de retorno sobre venta de aproximadamente el 35%, mientras que en el plano internacional el margen de rentabilidad para una empresa que presta este tipo de servicio ronda entre el 10% y el 20% de su facturación [15] .

Así también estos márgenes desmesurados de ganancias, teniendo en cuenta además el nulo riesgo empresarial de estas empresas se puede explicar a partir del privilegiado entorno normativo y regulatorio que delimito el desenvolvimiento de esta empresas durante los años noventa, y que les permitió implementar, entre otras cosas, altas tarifas desvirtuando todas las ventajas del sistema de regulación price cap.

Por lo tanto, los incrementos que tuvieron en la productividad estas empresas, que implicaron una reducción de sus costos operativos, no se tradujeron en una disminución de las tarifas, como sugiere la metodología price cap a través del factor de eficiencia “X”. De esta forma, no fue durante los años noventa la sociedad en su conjunto la que se benefició de la disminución de los costos como consecuencia del aumento de la productividad, sino tan solo el reducido grupo de empresarios, tanto de capital nacional como de capital extranjero, que se hicieron cargo de las empresas públicas privatizadas.

 

5) EL IMPACTO FISCAL Y EN LA DEUDA EXTERNA PÚBLICA DE LAS PRIVATIZACIONES:

 

Dos de los objetivos explícitos de las privatizaciones realizadas en la década del noventa eran la reducción del déficit fiscal la disminución de la deuda externa pública.

En este sentido, desde el punto de vista fiscal,  considerando los ingresos fiscales y los egresos del sector público, el proceso de privatizaciones genero efectos muy diversos [16] . En el caso de los ingresos podemos destacar los siguientes fenómenos:

-          Las privatizaciones tuvieron su principal impacto fiscal en los ingresos en efectivo percibidos por el Estado como resultado de las transferencias de las empresas, de tenencias accionarías o de determinadas concesiones. Con respecto a este punto es importante destacar dos hechos fundamentales: a) este ingreso es percibido por única vez por el Estado, es decir, su efecto positivo es de corto plazo y b) por una gran parte de las privatizadas el sector público no recibió ingresos en efectivo, sino que se privatizó los activos públicos con capitalización de deuda externa, es decir, a través del rescate de bonos externos emitidos en años anteriores. Además en este punto es importante destacar que las empresas públicas fueron transferidas al sector privado a un precio subvaluado, debido a que el valor presente de las rentas futuras resultaron significativamente superiores a los precios pagados por las asociaciones por los activos públicos. Por lo tanto, el Estado percibió una cantidad de ingresos en efectivo mucho menor de los que realmente las empresas públicas podían haberse vendido.

-          También se debe considerar los ingresos recibidos por el sector público a través de los recursos tributarios originados en el pago de impuestos, especialmente sobre las ganancias, por parte de las asociaciones que se hicieron cargo de las empresas públicas privatizadas.

Desde el punto de vista de los egresos fiscales debemos considerar los siguientes fenómenos:

-          El Estado se benefició como resultado de la supresión de los déficits operativos de buena parte de las empresas públicas transferidas al sector privado.

-          Se debe destacar los beneficios obtenidos por el sector público a partir de la eliminación de los servicios de la deuda externa capitalizados en las privatizaciones.

-          Contrariamente a los dos fenómenos anteriores el Estado se hizo cargo del endeudamiento de las empresas privatizadas, un monto aproximado a los 20.000 millones de dólares; lo cual supone posteriores egresos fiscales en concepto de amortización y servicios de dicha deuda. Para apreciar la importancia de esta cifra debemos decir que el Estado nacional percibió un total de 26.810 millones de dólares en concepto de privatizaciones entre 1991 y 2000.

Si bien el cálculo exacto del impacto fiscal global de las privatizaciones es muy difícil de realizar, podemos concluir, sin embargo, que a pesar del efecto positivo en el corto plazo del proceso de privatizaciones en las cuentas del sector público, ese impacto se vio agotado en el mediano y largo plazo. Este fenómeno se puede ver claramente observando el comportamiento del déficits fiscal incluyendo los ingresos por privatizaciones durante la década del noventa.     

 

Cuadro Nº 3: Déficit fiscal incluidos los ingresos por privatización, 1994-2000 (millones de dólares)

Año

Déficit fiscal incluido los ingresos percibidos por el Estado por las privatizaciones de empresas estatales.

1994

-4.708

1995

-8.241

1996

-8.927

1997

-3.112

1998

-7.217

1999

-12.753

2000

-9.657

Total

-54.615

Fuente: Basualdo, Eduardo; “Las reformas estructurales y el Plan de Convertibilidad durante la década del noventa”. Realidad Económica, Nº 200.

 

Como puede verse en el cuadro Nº 3 luego de agotarse el efecto positivo de corto plazo del proceso privatizador, emerge desde 1994 nuevamente y en forma creciente los problemas del déficit fiscal. De esta manera, el primero de los objetivos explícitos de las privatizaciones, es decir, la eliminación del déficit del Estado no se ha logrado. Por el contrario, como puede verse en el cuadro, el déficit fiscal acumulado incluyendo los ingresos logrados a partir de las transferencias de las empresas públicas desde 1994 al 2000 fue de 54.615 millones de dólares.

Por lo tanto, lo que queda claro, nuevamente, es que el impacto positivo de los ingresos percibidos por la transferencia de las empresas públicas al sector privado termino diluyéndose con el transcurso de los años noventa por la persistencia de desequilibrios estructurales en las arcas públicas, debido a que estos ingresos extraordinarios no fueron utilizados para realizar transformaciones de fondo de la economía argentina que condujeran a una mejor situación en el largo plazo de las cuentas públicas.

Con respecto a la deuda externa pública, al principio las privatizaciones permitieron su reducción como consecuencia de la capitalización de deuda externa con la transferencia de las empresas públicas al sector privado. Sin embargo, con esta variable sucedió lo mismo que con el déficit fiscal. Es decir, si bien existió un efecto positivo inicial, éste se vio diluido con el tiempo; y esto se puede observar analizando el comportamiento de la deuda pública externa.

 

Cuadro Nº 4: Evolución de la deuda externa pública, 1991-2001 (millones de dólares).

Año

Deuda Externa Estatal

1991

52.739

1992

50.678

1993

53.606

1994

61.268

1995

67.192

1996

74.113

1997

74.912

1998

83.111

1999

84.750

2000

84.851

2001

88.259

Fuente: Basualdo, Eduardo: “Las reformas estructurales y el Plan de Convertibilidad durante la década del noventa”. Realidad Económica, Nº 200.

 

Como vemos en el cuadro Nº 4, en un primer momento la deuda externa estatal disminuyó de 52.739 millones de dólares en 1991 a 50.678 millones de dólares en 1992, debido al proceso de privatización, a través del rescate de bonos de la deuda emitidos en  años anteriores.

Sin embargo, a partir de ese año la deuda externa pública creció de manera ininterrumpida durante toda la década del noventa, llegando a 88.259 millones de dólares en el 2001. Esto es, se privatizaron todas las empresas públicas y la deuda externa estatal no solo no disminuyó sino que además se incremento en 35.520 millones de dólares entre 1991 y 2001. En conclusión, el proceso de privatizaciones también fracaso en su segundo objetivo explicito la reducción de la deuda externa del Estado.

 

6) LAS PRIVATIZACIONES Y LA PROFUNDIZACIÓN DE LA CONCENTRACIÓN DEL CAPITAL:

    

Una de las consecuencias fundamentales del proceso de privatización llevado a cabo en la Argentina durante los años noventa fue la creciente oligopolización de diversos mercados, la polarización del poder económico en un núcleo acotado y diversificado de grandes conglomerados empresarios y la consolidación de mercados con ganancias extraordinarias. En otras palabras, las privatizaciones profundizaron un proceso que se venía produciendo en la economía argentina desde la dictadura militar de 1976 con la instauración del modelo de valorización financiera, es decir, la concentración económica.

En tal sentido, el proceso de privatización permitió la consolidación estructural de un grupo reducido de empresarios que al participar de las privatizaciones pasaron a controlar ciertos sectores económicos que son vitales para el funcionamiento de la economía argentina. Estos grupos económicos, como por ejemplo, Pérez Companc, Soldati, Techint, Roggio, Macri, Loma Negra, entre otros participaron, como muestra el cuadro Nº 5, prácticamente en la totalidad de los sectores públicos privatizados.

 

Cuadro Nº 5: Participación de los principales conglomerados económicos en los distintos sectores privatizados a inicio de la década del noventa.

Servicio

Astra

(Repsol)

Roggio

CEI

Citicorp

Holdings

Loma

Negra

Macri

Pérez

Companc

Soldati

Techint

Electricidad

(distribución)

*

 

*

*

 

*

 

*

Electricidad

(generación)

 

 

*

 

 

*

*

*

Electricidad

(transporte)

 

 

 

 

 

*

*

 

Gas

(distribución)

*

 

*

*

*

*

*

 

Gas

(transporte)

 

 

*

 

 

*

*

*

Telecomunicaciones

 

 

*

 

 

*

*

*

Transporte ferroviario

 

*

 

*

 

 

*

*

Otros

 

 

*

 

 

 

*

*

Fuente: Duarte, Marisa; “El Consenso de Washington y su correlato en la Reforma del Estado en la Argentina : los efectos de la Privatización ”; en Más Allá del Pensamiento único. CLACSO/UNESCO.

 

Esta característica del programa de privatización del país permitió a estos grupos económicos la diversificación de sus actividades, insertarse en diferentes actividades consideradas como estratégicas en la definición de la estructura de precios y rentabilidades relativas de la economía  y, como consecuencia de los dos hechos anteriores, consolidarse como grupos hegemónicos en la estructura del poder económico.

Con la transferencia de las empresas públicas al sector privado se produjo un triple nivel de concentración del capital [17] :

a)       En primer lugar, se generó un proceso de concentración del capital en cada una de las empresas públicas privatizadas. Es decir, las tenencias accionarías de las empresas transferidas por el Estado quedaron concentradas en tres o cuatro firmas o grupos que conformaron la “comunidad de negocios”.

b)      En segundo lugar, se produjo también una fuerte concentración de la propiedad en el plano sectorial como consecuencia que todas las áreas de actividades involucradas en el programa de privatización quedaron en manos de un grupo reducido de empresarios.

c)       En tercer lugar, considerando al proceso de privatización en sí mismo también se manifiesta un alto nivel de concentración de la propiedad. Es decir, un grupo acotado de empresarios pasaron a controlar un muy amplio y diversificado grupo de  empresas públicas privatizadas. En otras palabras, prácticamente no existen empresas públicas privatizadas en los años noventa en cuyo respectivos consorcios adjudicatarios no se encuentren algunas de las principales empresas que actúan en el país.  

En este sentido, las causas principales de la concentración del capital en el proceso privatizador deben buscarse en las características asumidas por la desestatización llevada adelante la década de los noventa.

En efecto, por un lado, la despreocupación total al momento de privatizar por difundir y fragmentar la propiedad de las empresas privatizadas. Por otro lado, en la generalidad de los casos se fijaron patrimonios mínimos muy elevados para poder participar de las licitaciones, o también los montos patrimoniales representaron en los diferentes concursos una de las principales variables para la adjudicación de la empresa privatizada. De esta manera, la capacidad patrimonial jugó un papel fundamental para ingresar a la licitación o para la adjudicación de las empresas; favoreciendo en la mayoría de los procesos la presencia de muy pocos oferentes.

Por ultimo, es importante analizar el impacto del programa de privatización sobre el comportamiento de los empresarios. En este sentido, podemos señalar tres estrategias empresarias diferentes y complementarias al mismo tiempo [18] :

1)       La estrategia de concentración: firmas que adquirieron empresas públicas o tenencias accionarías de firmas que operaban en su mismo sector de actividad.

2)       La estrategia de integración: firmas que adquirieron la concesión de empresas públicas que suponen, de manera directa o indirecta, un mayor grado de integración vertical u horizontal de sus actividades.

3)       La estrategia de diversificación: empresas que participaron en los distintos procesos de privatización, permitiéndoles la diversificación de sus actividades.  

Resumiendo el programa de privatización trajo aparejado una profundización de la concentración del capital y, con ello, la consolidación hegemónica de un grupo reducido de grandes conglomerados empresariales, quienes pasaron a controlar una gama muy diversa de actividades, en muchos casos integradas vertical y/u horizontalmente; transfiriéndoles un poder decisivo en la determinación de variables fundamentales como la distribución del ingreso y la competitividad de los distintos sectores de actividad.  

 

7) EL IMPACTO DE LAS PRIVATIZACIONES EN EL MERCADO DE TRABAJO:

 

Es importante señalar la drástica disminución del porcentaje del empleo de las empresas estatales en el empleo total del sector público. En efecto, mientras que el empleo de las empresas estatales representaba el 36,11% del empleo total del sector público en 1985, este porcentaje paso a ser del 21,35% en 1992 y en 1997 solo el 6,5% [19] .

Obviamente la causa principal de esta disminución fue el programa de privatizaciones. Con esto se produce la desaparición del Estado empresario o generador de empleo productivo, que fue una de las características más sobresalientes del sector público durante la industrialización sustitutiva.

Como muestra el cuadro Nº 6, no solo disminuyó el porcentaje de los puestos de trabajo creados por las empresas estatales con respecto al empleo público, sino que además se produjo una importante reducción del total del empleo de los servicios públicos privatizados. En efecto, la reducción del empleo de las empresas de servicio público entre 1985 y 1998 fue casi del 70%.

 

Cuadro Nº 6: Primera Parte. Índice de empleo desagregado por sector de actividad de las empresas de servicio público, 1985-1998 (1985=100).

Empresas

Fecha de transferencia

1985

1986

1987

1988

1989

1990

1991

1992

Telefonía

Nov-90

100

98,24

97,93

99,44

96,55

93,38

85,33

78,66

Correos

Nov-97

100

97,13

95,98

90,31

91,08

88,58

77,66

60,67

Transporte

Aéreo

Nov-90

100

97,75

97,37

98,21

102,18

103,21

91,02

78,83

Aguas y

Cloacas

Dic-92

100

98,36

97,89

98,38

97,08

87,03

87,03

83,91

Energía

Eléctrica

Jul-93

100

97,19

99,80

102,33

104,89

103,25

95,55

86,84

Transporte

Ferroviario

11/91 a 11/92

100

97,04

94,44

94,71

91,52

87,43

83,48

65,59

Gas

Dic-92

100

95,61

93,61

98,46

102,88

104,43

106,38

102,3

Total

 

100

97,33

96,09

96,01

94,76

91,55

85,32

71,97

Fuente: Duarte, Marisa; “El Consenso de Washington y su correlato en la Reforma del Estado en la Argentina : los efectos de la Privatización ”; en Más Allá del Pensamiento único. CLACSO/UNESCO.

 

 

 

Cuadro Nº 6: Continuación. Índice de empleo desagregado por sector de actividad de las empresas de servicio público, 1985-1998 (1985=100).

Empresas

1993

1994

1995

1996

1997

1998

Telefonía

73,47

66,86

64,42

59,33

50,30

47,89

Correos

60,67

50,44

45,73

45,80

51,25

39,89

Transporte

Aéreo

59,04

60,21

54,05

49,46

45,99

45,47

Aguas y

Cloacas

66,70

53,03

42,16

43,56

45,20

44,92

Energía

Eléctrica

50,48

44,64

40,49

37,03

33,16

31,44

Transporte

Ferroviario

21,87

19,37

15,78

15,79

15,16

15,29

Gas

57,18

55,45

55,09

54,05

53,01

50,17

Total

45,85

40,69

36,81

35,34

33,79

31,14

Fuente: Duarte, Marisa; “El Consenso de Washington y su correlato en la Reforma del Estado en la Argentina : los efectos de la Privatización ”; en Más Allá del Pensamiento único. CLACSO/UNESCO.

 

Sin embargo, y como se observa en el cuadro Nº 6, la reducción del empleo según el sector de actividad varía tanto en el momento de la disminución como en la intensidad de la misma. En efecto, podemos observar los siguientes comportamientos desiguales del empleo en las distintas empresas de servicio público:

-          En el sector de teléfonos se redujo el empleo entre 1985 y 1998 el 52,11%, es decir, disminuyo a más de la mitad la cantidad de sus trabajadores. Con respecto al momento de la reducción se puede observar que el grueso de la disminución se produjo entre 1990 y 1994, por lo tanto, el fuerte despido de trabajadores en el sector telefónico se genero al principio de la privatización a manos de Telefónica de Argentina y Telecom. (la privatización se llevo a cabo en noviembre de 1990).

-          Con respecto al correo postal se observa una disminución gradual del empleo durante todos los años hasta la abrupta caída producida entre 1997 y 1998 cuando se produce la privatización de este servicio público.

-          Por su parte, en el sector de transporte aéreo se ve claramente la coincidencia entre la privatización y la reducción de empleo. Como se observa en el cuadro, la empresa estatal de transporte aéreo incorporó trabajadores hasta que se produjo su privatización en 1990. A partir allí se inicia el fuerte proceso de despido de su personal, donde el pico más abrupto de expulsión de trabajadores se produjo entre 1991 y 1993, llegando a 1998 con un 54,53% menos de trabajadores que en 1985.

-          En el sector de aguas y cloacas, la reducción de trabajadores entre 1985 y 1998 fue del 55,08%, teniendo una primera reducción importante entre 1989 y 1990, es decir, previo a su privatización que fue en diciembre de 1992, y la segunda reducción fuerte se produjo con posterioridad a su transferencia al sector privado y fue entre 1994 y 1997.

-          El sector de energía eléctrica es uno de los ejemplos más claros donde el Estado se encargó de despedir al personal para luego realizar la privatización, es decir, el sector público realizo el “trabajo sucio” de la expulsión de los trabajadores. En efecto, mientras la privatización de este servicio público se produjo en julio de 1993, la fuerte reducción del personal se llevo a cabo entre 1992 y 1993, manteniéndose posteriormente la tendencia decreciente de empleados pero con mucho menos intensidad.

-          Los ferrocarriles, por su lado, se convirtieron en el sector más emblemático de la expulsión de manos de obra, llegando a 1998 con un 84,71% menos de trabajadores que en 1985. Al igual que en el sector de la energía eléctrica, en el ferroviario se generó la mayor cantidad de despido en el periodo inmediato previo a la transferencia al sector privado llevada a cabo en 1992; convirtiéndose, incluso, en el sector que expulsó a la mayor cantidad de trabajadores antes de la privatización. En efecto, en 1993 el empleo en el transporte ferroviario se redujo en el 78,13% en comparación a 1985.

-          De la misma manera que en los sectores de aeronavegación, el sector gasifero aumento la cantidad de empleados hasta el momento de su privatización producida en diciembre de 1992. A partir de la transferencia de este sector a manos privadas se inicio la drástica reducción de los trabajadores, llegando a 1998 con un 49,83% de trabajadores menos que en 1985.

Como conclusión, podemos observar dos situaciones muy diferentes con respecto a la reducción del empleo en las empresas de servicios públicos.

En algunos casos la disminución de trabajadores en estas firmas se produce en el periodo inmediato anterior a la privatización, siendo el Estado quien realiza el “trabajo sucio”; esta situación se da por ejemplo en los sectores de aguas y cloacas y los ferrocarriles, pues las empresas públicas una vez que fueron declaradas “sujetas a privatización” en los primeros años de la década del noventa, pasaron por un periodo de reestructuración, que significó un proceso de “racionalización” del personal, el cual fue llevado a cabo por el mismo Estado. Por tal motivo, la gran disminución del volumen de empleo de las empresas de servicios público se produjo entre 1991 y 1992, periodo previo a las privatizaciones. Es importante destacar, sin embargo, que a pesar que la fuerte reducción de los trabajadores se produjo cuando todavía eran empresas públicas, la disminución de personal prosiguió con posterioridad a las respectivas transferencias al sector privado.

Con respecto a este tema hubo sectores que directamente iniciaron la drástica disminución de los trabajadores una vez privatizadas, como es el caso de el sector gasifero, el sector telefónico y el de aeronavegación. Por eso luego de la gran reducción de trabajadores en las empresas de servicio público que se produjo entre 1991 y 1992, a partir de 1993 se continuó con un proceso gradual pero sistemático de disminución del empleo.

Pero más allá de estas diferentes estrategias, el resultado fue el mismo en todas las empresas privatizadas: la reducción de la cantidad de empleados. Por eso que se puede concluir que si bien el programa de privatización se realizo predominantemente entre 1992 y 1993, la disminución de empleados en estas empresas comenzó antes y se mantuvo durante los años siguientes a las privatizaciones, siendo este fenómeno una de las características principales del programa privatizador argentino.  

Esta misma conclusión se puede observar también en el siguiente cuadro:

 

Cuadro Nº 7: Primera parte. Volumen de empleo total desagregado por sector de actividad de las empresas de servicio público, 1985-1998 (en valores absolutos).

Empresas

1985

1986

1987

1988

1989

1990

1991

Telefonía

47.088

46.261

46.115

46.823

45.463

43.973

40.179

Correos

41.484

40.292

39.815

37.645

37.784

36.747

32.215

Transporte

Aéreo

10.561

10.323

10.283

10.372

10.791

10.900

9.613

Agua y

Cloacas

9.625

9.494

9.448

9.496

9.370

8.400

8.400

Energía

Eléctrica

21.745

21.134

21.702

22.251

22.809

22.451

20.778

Transporte

Ferroviario

102.941

99.897

97.218

97.500

94.216

90.000

85.936

Distribución de Gas

9.883

9.449

9.251

9.731

10.168

10.321

10.514

Total

243.354

236.850

233.832

233.638

230.601

222.792

207.635

Fuente: Duarte, Marisa; “El Consenso de Washington y su correlato en la Reforma del Estado en la Argentina : los efectos de la Privatización ”; en Más Allá del Pensamiento único. CLACSO/UNESCO.

 

Cuadro Nº 7: Continuación. Volumen de empleo total desagregado por sector de actividad de las empresas de servicio público, 1985-1998 (en valores absolutos).

Empresas

1992

1993

1994

1995

1996

1997

1998

Telefonía

37.041

34.597

31.484

30.336

27.939

23.683

22.550

Correos

25.169

25.169

20.926

18.969

19.000

21.261

16.548

Transporte

Aéreo

8.325

6.235

6.325

5.708

5.223

4.857

4.802

Agua y

Cloacas

8.099

6.438

5.118

4.069

4.204

4363

4.336

Energía

Eléctrica

18.883

10.976

9.707

8.805

8.053

7.210

6.837

Transporte

Ferroviario

67.521

22.517

19.943

16.244

16.250

15.609

15.739

Distribución de Gas

10.116

5.651

5.480

5.445

5.342

5.239

4.958

Total

175.154

111.583

99.017

89.576

86.011

82.222

75.770

Fuente: Duarte, Marisa; “El Consenso de Washington y su correlato en la Reforma del Estado en la Argentina : los efectos de la Privatización ”; en Más Allá del Pensamiento único. CLACSO/UNESCO.

 

Como nos muestra el cuadro Nº 7, mientras que los empleados de las empresas estatales seleccionadas en valores absoluto eran 243.354 en 1985, en 1998 esta cantidad se redujo a 75.770 trabajadores en total. Visto de otra manera, mientras que en 1985 el empleo de las empresas de servicio público explicaban 2,33 puntos de la Población Económicamente Activa (P.E.A.), en 1998 ese porcentaje se redujo al 0,1% de la misma.

Desde cualquier punto de vista se llega siempre a la misma conclusión: las empresas públicas privatizadas se convirtieron en expulsoras de manos de obra, contribuyendo de manera central en la consolidación de uno de los flagelos sociales que azotó a la sociedad argentina principalmente a partir de la década del noventa, es decir, la desocupación.

Dicho de otra forma, la fuerte reducción de los trabajadores en las empresas de servicios públicos privatizados fue una de las causas fundamentales que indujeron al abrupto incremento de la tasa de desocupación que paso del 6% de la P.E .A. en 1985 al 18% de la misma en 1995. En particular, existe una simultaneidad entre la “racionalización” realizada por el Estado en el periodo previo al proceso de privatización y el exorbitante aumento del desempleo. En efecto, mientras que entre 1990 y 1993 se produce la gran caída de trabajadores en las empresas de servicios públicos, por el otro lado, a partir de 1992 la tasa de desempleo inicia su fuerte escalada para luego alcanzar en 1995, como dijimos, el 18% de la P.E .A..

En este sentido es importante destacar que una parte del efecto de la reducción del empleados en las empresas públicas sobre la desocupación fue producido con  cierto retraso como consecuencia del pago de las indemnizaciones, el cual fue destinado por los cesanteados para iniciar actividades por cuenta propia. De esta manera, se disminuyó en forma parcial el aumento de la tasa de desocupación hasta 1993, cuando muchas de estas actividades cuentapropistas fracasaron; incrementando masivamente al desempleo [20] .

 

8) LAS PRIVATIZACIONES Y EL MODELO DE VALORIZACIÓN FINANCIERA: FUGA DE CAPITALES, RUPTURA DE LA “COMUNIDAD DE NEGOCIOS” Y FIN DE LA CONVERTIBILIDAD :

 

Por ultimo, el proceso de privatización también quedó subordinado a la valorización financiera, transformándose en uno de los factores más importante de la inédita exacerbación de la fuga de capitales al extranjero durante el Plan de Convertibilidad.

Durante los años noventa volvió a funcionar el modelo clásico de valorización financiera que había existido durante la dictadura militar y que explica gran parte de la fuga de capitales, es decir, el diferencial entre las tasas de interés interna y las internacionales. De nuevo, como en el gobierno militar de 1976, durante esta década el endeudamiento externo privado se utilizo para valorizarlo en el sistema financiero local gracias a dos condiciones que también existieron durante la dictadura militar. a) la diferencia a favor de la tasa de interés interna con respecto a la tasa de interés internacional y b) el seguro de cambio debido a la caja de conversión instaurada a principio de la década del noventa. Luego de esta valorización financiera los sectores dominantes fugaban los recursos al extranjero.

Durante este período el proceso de privatización funciono como un factor que sobredetermino el funcionamiento clásico de la valorización financiera, contribuyendo, como dijimos, al gran incremento de la fuga de capitales por parte de la fracción dominante local. Para poder entender la relación entre el proceso de transferencia de las empresas públicas al sector privado y la fuga de recursos al exterior debemos distinguir dos etapas con características diferentes  respecto al comportamiento de la fuga de capitales y su relación con el programa privatizador [21] .

Desde 1991 hasta 1994, como vemos en el cuadro Nº 8, se produce una disminución o eventual retorno de recursos fugados al extranjero.

 

Cuadro Nº 8: Evolución de los capitales locales radicados en el exterior, 1991-2001 (millones de dólares).

AÑO

Stock de capitales locales en el extranjero

1991

54.936

1992

55.096

1993

60.332

1994

68.167

1995

83.884

1996

96.206

1997

112.207

1998

118.383

1999

124.455

2000

131.892

2001

137.805

Fuente: Basualdo, Eduardo; “Las reformas estructurales y el Plan de Convertibilidad durante la década de los noventa”. Realidad Económica, Nº 200.

 

Esto se debe a que, como dijimos, en la compra de los activos públicos participaron el capital concentrado interno, formando la “comunidad de negocios” con los acreedores externos, que fueron quienes fugaron en los años anteriores gran parte de sus recursos al extranjero. Por lo tanto, se generó una repatriación de una parte de los capitales fugados con el objetivo de participar en la compra de los activos públicos, es decir, para integrarse al programa de privatizaciones.

Sin embargo, a partir de 1994 se puede observar una segunda etapa caracterizada por un brutal incremento en la fuga de capitales al exterior. Incluso los promedios anuales registrados entre 1994 y finales de la década  de la fuga de capitales fue mayor que los promedios registrados durante la dictadura militar.

Los mayores promedios registrados durante los años noventa en comparación con la dictadura militar de 1976 se debió fundamentalmente a la subordinación del proceso de privatización a la valorización financiera. En otras palabras, la inédita reactivación de la fuga de capitales a partir de 1994 no se debió únicamente al mayor valor de la tasa de interés interna con respecto a la internacional, sino que se agregó el proceso de transferencia del paquete accionario de las empresas privatizadas, de los grupos económicos locales al capital extranjero, es decir, la disolución de las asociaciones que se habían constituido para participar del programa de privatizaciones y que había sido uno de los factores fundamentales para aminorar las contradicciones del sector dominante que nos había conducido a la crisis hiperinflacionaria iniciada a finales de los años ochenta.

En efecto, a partir de 1995 comenzó a producirse transferencia de propiedad que involucró en grado diferente al capital de numerosas empresas privadas, entre las cuales se encontraban  varias de las asociaciones que participaron en la privatización de las empresas públicas. Los grupos económicos locales fueron quienes vendieron sus activos físicos y se volcaron hacia los activos financieros principalmente en el exterior, dando como resultado, junto con el diferencial de la tasa de interés, una importante reactivación de la salida de recursos al extranjero.

Esta fracción del sector dominante tuvo una creciente influencia en la economía argentina al principio de la década como resultado del crecimiento de sus activos fijos, debido principalmente a su participación en la “comunidad de negocios” que se hizo cargo de las empresas públicas privatizadas, lo cual provoco una alteración de la composición de su capital, incrementándose la importancia relativa de sus activos fijos y disminuyendo en forma paralela la de sus activos financieros. Este fenómeno se encuentra íntimamente relacionado con el otro proceso mencionado anteriormente: la repatriación por parte de los grupos económicos locales de una parte significativa de los recursos fugados al exterior en el momento que se produjo el proceso privatizador.

Sin embargo, y como resultado de la transferencia de su capital dentro de las asociaciones, la situación de los grupos económicos locales se modifico drásticamente a partir de mediados de los años noventa. Se generó un fuerte retroceso de su presencia dentro de los consorcios, tanto de los que participaron en las privatizaciones como de aquellas desvinculadas de este programa,. Dicha transferencia se produjo principalmente hacia el capital extranjero, tanto conglomerados extranjeros como empresas transnacionales; dando lugar a un fuerte proceso de extranjerización de la economía argentina.  

Este proceso de transferencia de propiedad fue acompañado por una acelerada salida de recursos al extranjero. Por lo cual, nos permite concluir que los grupos económicos locales utilizaron la gran cantidad de dinero recibido como resultado de la transferencia de sus paquetes accionarios para fugarlos al exterior; manteniendo, de esta forma, su poder económico pero con una nueva modificación de su capital contraria a la producida al inicio de los años noventa, es decir, disminuyendo en forma relativa sus activos fijos e incrementando  sus activos financieros, principalmente los radicados en el extranjero.

Por otro lado, y explicando la cuantiosa suma que esta fracción del sector dominante fugó al exterior, debemos recordar que el capital fijo transferido por los grupos económicos locales eran firmas o consorcios con una rentabilidad elevada y creciente a lo largo del tiempo, debido a que las empresas publicas que adquirieron los consorcios formados por  grupos económicos locales y  capital extranjero eran monopolios u oligopolios con mercados cautivos y marcos regulatorios deficientes, situación que permitía a las asociaciones, como señalamos anteriormente, imponer sus intereses en la estructura de precios relativos.

Estos factores permitieron una acelerada revaluación patrimonial en términos económicos de las empresas privatizadas. Debemos agregar que los consorcios se hicieron cargo de las empresas estatales pagando un precio subvaluado. Por lo tanto, los montos percibidos por los grupos económicos locales al transferir su propiedad al capital extranjero fueron muy significativos.

Esta decisión vendedora de la fracción local del sector dominante se unió con la voluntad de compra por parte del capital extranjero debido a la gran rentabilidad que aseguraban estas inversiones, por los mismo motivos que permitieron anteriormente una gran revaluación patrimonial en términos económicos de dichas empresas.

Este fenómeno, sumado al diferencial de las tasa de interés explica el abrupto incremento de la fuga de recursos al exterior, llegando el stock de capitales locales en el exterior en 1999, cuando finalizo el gobierno de Menem, al monto de 124.455 millones de dólares, cuando en 1994 era de 68.167 millones de dólares.

Sin embargo, las consecuencias de la transferencia del capital en las asociaciones por parte de los grupos locales a la fracción extranjera  no se circunscribe solamente al aumento de la fuga de capitales al extranjero; sino que también reavivó las contradicciones del sector dominante, que van a jugar nuevamente un papel fundamental en el desarrollo de la crisis del modelo de Convertibilidad, al llevar al centro del debate la continuidad o no de este plan que se había iniciado a principio de los noventa. Efectivamente las dos fracciones principales que se formaron a partir de la ruptura de la “comunidad de negocios” eran:

1)       El grupo de los “dolarizadores” integrado por  empresas transnacionales y  conglomerados extranjeros, como consecuencia del gran incremento de sus activos fijos en la economía argentina al adquirir el capital vendido por los grupos económicos locales, apoyaban la continuidad del tipo de cambio fijo, incluso presionando para la dolarización de la economía con la consecuente desaparición del peso argentino. Esta posición del capital extranjero se debió a que una devaluación de la moneda nacional les provocaría una perdida del capital en términos de dólares.

2)       El grupo de los “devaluacionistas” integrado por los grupos económicos locales que vendieron, como explicamos, gran parte de sus activos físicos y los convirtieron en activos financieros dolarizados, los cuales gran parte se encontraban en el extranjero. Por lo tanto, una devaluación del tipo de cambio les implicaba una ganancia de capital en términos de pesos. A esto debemos agregarle que la fracción local del sector dominante había concentrado sus activos físicos en la economía argentina en sectores productivos con ventajas comparativas naturales, es decir, orientadas al mercado externo. Por tal motivo una devaluación del tipo de cambio también los beneficiaba al generar un importante incremento de las exportaciones.

Así es como a fines de la década del noventa se gestaron en la economía argentina nuevas contradicciones del sector dominante al romperse las asociaciones que se habían constituido a principio de los años noventa para participar del programa privatizador y que permitieron articular los distintos intereses de las diferentes fracciones del sector, consiguiendo superar las crisis hiperinflacionaria.

Sin embargo, la ruptura de la homogeneidad del sector dio lugar a una nueva contradicción distinta a la de finales de los años ochenta. En efecto, mientras que la disputa que nos condujo a la crisis hiperinflacionaria se dio entre los empresarios que actuaban en la economía nacional y los acreedores externos que reclamaban el pago de su deuda; la nueva contradicción de finales de los años noventa se dio entre el capital extranjero, a favor de la dolarización , y los grupos económicos locales, quienes presionaban para la devaluación de la moneda nacional.

El fin de la Convertibilidad y la devaluación del tipo de cambio, es decir, el triunfo de los “devaluacionistas” radicó en que la caja de conversión se estaba tornando insostenible debido principalmente  que a partir de 1998  empezó a existir restricciones internacionales a nuevos financiamientos externos y, por  otro lado, en que la devaluación del tipo de cambio se sustentaba no solo sobre los intereses de los grupos económicos locales sino también de la oligarquía agropecuaria argentina que también se beneficiaba con el fin de la Convertibilidad debido al incremento de sus exportaciones.

Los efectos de la devaluación tuvieron importante repercusiones, de las cuales podemos destacar dos [22] :

-          Primero las perdidas patrimoniales que implicaron sobre el capital extranjero operó sobre un stock de inversiones de aproximadamente 120.000 millones de dólares.

-          Segundo las ganancias de la fracción dominante que impulso la devaluación del tipo de cambio estaban vinculadas, por un lapo, con el stock de los capitales fugados al exterior que en el momento de la devaluación en el 2001 alcanzaban aproximadamente el monto de 140.000 millones de dólares y, por el otro lado, por los ingresos corrientes en dólares recibidos como resultado del aumento de las exportaciones.

Pero siempre, desde la interrupción del modelo de industrialización sustitutiva y la instauración de la valorización financiera a partir de la dictadura militar de 1976, a pesar que las crisis se desatan como consecuencia de las contradicciones de las distintas fracciones del sector dominante, terminan perjudicando de manera notable a los sectores populares a través de un nuevo proceso de concentración del ingreso. 

 

9) CONCLUSIONES:

 

Hacia fines de los años ochenta y principios de los noventa el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional produjeron, a partir de los fundamentos neoliberales, un conjunto de propuestas de política económica que fueron sistematizadas bajo la denominación de Consenso de Washington; estableciendo un conjunto de instrumentos de políticas destinadas a resolver los problemas de inestabilidad de las economías latinoamericanas. Entre las políticas recomendadas por el Consenso de Washington se encuentran las siguientes:

a)       Disciplina fiscal:  El déficit presupuestario, que incluye a los gobiernos provinciales, empresas del Estado y el Banco Central, debería ser lo suficientemente pequeño para ser financiado sin tener que recurrir al impuesto inflacionario.  Esto generalmente implica un superávit primario (es decir, sin incluir el gasto por los servicios de la deuda) de varios porcentajes del Producto Bruto Interno, y un déficit operativo que no supere los 2% del Producto Bruto Interno.

b)      Prioridades del Gasto Público: El gasto público debería trasladarse desde las áreas políticamente sensibles que son las que típicamente reciben más recursos de las que su retorno económico pueden justificar, como por ejemplo, la administración, la defensa, los subsidios indiscriminados; hacia áreas descuidadas con un alto retorno económico y con potencial para mejorar la distribución del ingreso, como por ejemplo, la salud, la educación y la infraestructura.

c)       Reforma Impositiva: Implica ampliar la base impositiva y recortar el valor de las tasas marginales. El objetivo es incentivar y mejorar la equidad horizontal del sistema tributario sin que afecte el progreso conseguido. La mejora de la administración impositiva (incluyendo impuestos sobre los intereses de los capitales en el extranjero –“flight capital”) constituye un aspecto importante en el contexto Latinoamericano.

d)       Liberalización financiera: El objetivo ultimo es la determinación de las tasas de interés por parte del mercado, pero la experiencia ha demostrado que, bajo condiciones de una falta crónica de confianza, las tasas determinadas por el mercado pueden ser tan altas que amenacen la solvencia financiera de las empresas productivas y del gobierno. Bajo estas circunstancias un objetivo intermedio es la abolición de las tasas de interés preferenciales para clientes privilegiados y lograr una tasa de interés real moderadamente positiva. 

e)       Tipo de cambio: Los países necesitan una unificación (al menos para las transacciones comerciales) del tipo de cambio colocándola a un nivel suficientemente competitivo para inducir un rápido crecimiento en las exportaciones no tradicionales, y un manejo del tipo de cambio que asegure a los exportadores que esta mayor competitividad va a ser mantenida en el futuro.

f)        Liberalización del comercio: Las restricciones comerciales cuantitativas deberían ser rápidamente reemplazadas por aranceles, y éstos deberían ser reducidos progresivamente hasta alcanzar un bajo arancel uniforme del orden del 10% (o como máximo alrededor del 20%). Sin embargo, existen ciertos desacuerdos acerca de la velocidad a la que deben reducirse los aranceles (con recomendaciones que van desde 3 a 10 años) y sobre si es aconsejable frenar el proceso de liberalización cuando las condiciones macroeconómicas son adversas (recesión y déficit en la balanza de pagos).

g)       Inversión Extranjera Directa: Las barreras que impiden la entrada de empresas extranjeras deberían ser abolidas; las empresas nacionales y las empresas extranjeras deberían competir en igualdad de condiciones.

h)       Privatización: Las empresas del Estado deberían ser privatizadas.

i)         Desregulación: Los gobiernos deberían abolir las regulaciones que impiden la entrada de nuevas empresas o restrinjan la competencia, y asegurar que todas las regulaciones estén justificadas por criterios tales como la seguridad, la protección ambiental o la supervisión prudente de las instituciones financieras.

j)         Derecho de propiedad: El sistema legal debería proporcionar seguridad para el derecho de propiedad sin costos excesivos, y hacerla disponible para el sector informal. 

Este conjunto de políticas neoliberales recomendadas por los organismos internacionales a las economías Latinoamericanas se circunscriben a la idea general que los mercados son más eficientes y justos que las intervenciones del Estado a la hora de distribuir la riqueza de un país.

Retoman, de esta manera, la idea central desarrollada por Adam Smith de la “mano Invisible”:  cada individuo buscando su propio beneficio logra colaborar con algo que él no buscaba, es decir, contribuye con el bienestar general. Los neoliberales a este fenómeno lo denominan efecto “derrame”, lo cual implica que al realizarse todas las reformas estructurales recomendadas en el Consenso de Washington generarían un importante crecimiento económico que terminarían beneficiando a toda la población como resultado del “derrame” de la riqueza a los sectores más vulnerable de la sociedad. En este sentido, para Adam Smith y los neoliberales, el interés individual coincide con el interés general y, por lo tanto, no existe la necesidad de una institución que represente la voluntad general, como por ejemplo el Estado.

Como dijimos, las políticas neoliberales fueron impulsadas con especial énfasis en la Argentina a partir del gobierno de Menem en los primeros años de la década del noventa, retomando los ejes estratégicos del gobierno militar de 1976 y las recomendaciones del Consenso de Washington; y donde el programa de privatización se transformo en uno de los ejes fundamentales de dichas políticas.

Sin embargo, al analizar las consecuencias de las transferencias de las empresas estatales al sector privado se observa la falta de validez de uno de los principios fundamentales con los que se justificó el proceso de desestatización de la economía argentina, es decir, que conllevaría, al estilo de la “mano invisible”, un significativo crecimiento en la productividad  que no tardaría en beneficiar al conjunto de la sociedad , especialmente a los sectores de menores recursos.

Por el contrario, y en función de lo expuesto anteriormente, las privatizaciones en lugar de producir un efecto “derrámeme” generaron un efecto “aspiradora” de recursos hacia los sectores dominantes a través de una ingente y creciente masa de ganancias extraordinarias; mientras que las demandas de los sectores sociales mas desprotegidos fueron relegadas cada vez más a un segundo plano, debido a que las privatizaciones, y el conjunto de políticas neoliberales, contribuyeron al incremento de la tasa de desocupación, la precarización de la mano de obra ocupada, la regresividad en materia de distribución del ingreso y, como consecuencia de todo esto, a la pobreza y  marginación de amplios sectores de la población.

 

10) BIBLIOGRAFÍA:

 

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