30.07.2008 10:41 AM
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El fracaso del efecto derrame,
Juan Santiago Fraschina

Deuda externa y fuga de
capitales en Argentina,

Juan Santiago Fraschina

El programa de privatizaciones
en la Argentina: objetivos
y consecuencias,

Juan Santiago Fraschina

Algunas tendencias de la
economia argentina durante el gobierno de Kirchner,

Juan santiago Fraschina

La economia argentina
post convertibilidad,

Juan Santiago Fraschina

La actividad minera en Argentina y el desarrollo sustentable,
Eduardo Gorosito

DEUDA EXTERNA Y FUGA DE CAPITALES EN ARGENTINA
Juan Santiago Fraschina
publicado en La Argentina despues de la Convertibilidad. Situacion y Perspectiva,
Año 2004.

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“¿Qué nos pasó?

¿Cómo ha pasado?.

¿Qué traidor nos ha robado la ilusión del corazón?.

Creo que quiero cerrar los ojos

para no ver los despojos

de lo que tanto amaba entonces.” 

(Víctor Heredia: Aquellos soldaditos de plomo).

 

“Está mi corazón en esta lucha.

Mi pueblo vencerá. Todos los pueblos

vencerán, uno a uno, estos dolores

se exprimirán como pañuelos hasta

estrujar tantas lágrimas vertidas

en socavones del desierto, en tumbas,

en escalones del martirio humano.”

(Pablo Neruda: El pueblo victorioso)

1)       INTRODUCCIÓN:

A partir de la dictadura militar de 1976 se produjo profundos cambios sociales, políticos y económicos en la Argentina. Con las políticas económicas implementadas por esa dictadura  se interrumpió el patrón de industrialización sustitutiva iniciado en 1930, cuyo objetivo principal era el proceso de industrialización de la economía Argentina.

Con el gobierno militar se inicia el modelo de valorización financiera caracterizado básicamente por dos procesos íntimamente relacionados:

a)       En primer lugar, el sector financiero se convierte en el  más importante de la economía, atrayendo un monto cada vez más significativo del excedente generado;

b)       En segundo lugar, se produjo un cambio drástico del comportamiento microeconómico de las grandes empresas, adquiriendo una importancia inédita la compra por parte de los grupos económicos de activos financieros [1] tanto en el mercado interno como en el mercado internacional. En otras palabras, con el modelo de valorización financiera cobro notable importancia relativa para los grupos económicos los activos financieros respectos a los activos físicos. Mientras en el modelo de industrialización sustitutiva la adquisición de activos financieros por parte de las grandes firmas era casi inexistente, al principio de la década del ochenta dichos activos representaban más del 50% de los activos totales de las mismas.

Dos de las consecuencias más relevantes de la aplicación del modelo de valorización financiera fueron  el inusitado incremento de la deuda externa y el de la fuga de capitales, a través de la salida directa de remisión de recursos al exterior [2] como la que se realiza mediante el comercio exterior [3] .

Por otro lado, a partir del gobierno militar se consolidó en la Argentina un nuevo poder económico. El modelo de la valorización financiera al no requerir de la expansión del consumo de los asalariados, a diferencia de la industrialización sustitutiva, introdujo una nueva línea de contradicción establecida entre el capital concentrado en su conjunto y la clase trabajadora.

El nuevo proceso de acumulación se basó en la reducción de los salarios y en la concentración del ingreso, transformándose el salario en un costo para el conjunto de los sectores dominantes. Se generó no solo una abrupta disminución de los salarios reales de los trabajadores, sino también un incremento de la desocupación, subocupación, pobreza y marginación de importantes sectores de la población Argentina. 

Sin embargo, a partir de 1976 aparecerán nuevas contradicciones entre las distintas fracciones del sector dominante. Las diferentes crisis que se originaron durante el modelo de valorización financiera fueron justamente consecuencias de estas pugnas. Aunque la resolución de dichas crisis tuvieron siempre la misma consecuencia: un nuevo proceso de concentración del ingreso. 

Este nuevo patrón de acumulación implementado durante la dictadura militar y sus consecuencias más relevantes, no solo no fueron interrumpidas con el retorno de la democracia, sino que, por el contrario, fueron profundizadas tanto en la década del ochenta como en los años noventa con el régimen de Convertibilidad. .

En este articulo se trata de analizar  las políticas económicas que generaron la interrupción de la industrialización sustitutiva y la irrupción del modelo de valorización financiera y dos de las consecuencias más importantes de su aplicación: la deuda externa y la fuga de capitales, ambas asociadas con la consolidación de un nuevo poder económico en la  Argentina a partir de la dictadura militar de 1976.

 

2)       MODELO DE INDUSTRIALIZACIÓN POR SUSTITUCIÓN DE IMPORTACIONES (1930-1976)

 

2.1) CARACTERISTICAS GENERALES DE LA INDUSTRIALIZACIÓN SUSTITUTIVA.

 

Desde 1930 hasta 1976 se desarrolló en la Argentina el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (I.S.I.). En este modelo de acumulación las diferentes políticas económicas tenían como objetivo central incrementar el proceso de industrialización del país, generándose un mecanismo de transferencia de recursos hacia el sector industrial.

Es decir, la industrialización constituyó el propósito común y permanente de las políticas económicas, siendo la protección arancelaria, el privilegio fiscal y el crédito subsidiado los principales instrumentos de políticas para dicho fin. 

Una de las características más destacables de este modelo era la importancia del mercado interno como destinatario de los productos industriales producidos en el país, poniendo un limite a la concentración económica, al ser el salario de los trabajadores la principal fuente de demanda de las mercancías.  En otras palabras, como gran parte del empresariado local producía para el mercado interno el salario era visualizado por la mayoría de los capitalistas como un factor de demanda de sus productos. Por lo tanto, no existían incentivos de los sectores dominantes para reducir las remuneraciones de la clase obrera.

De esta manera, se produjo lo que se denomino la “sociedad del empate” en la distribución del Producto Bruto Interno (P.B.I.) entre el capital y el trabajo, llegando a 1975 donde el 45% del P.B.I. era apropiado por los asalariados mientras que el 55% restante por los capitalistas.

Sin embargo, es importante destacar que los sectores dominantes no eran homogéneos durante este modelo de acumulación.

Por un lado, se encontraban las empresas transnacionales que daban más importancia al salario como un costo en lugar de visualizarlo como un componente de la demanda interna, debido a que los productos fabricados por estas firmas estaban destinados principalmente hacia los sectores de mayores ingresos de la población Argentina.

Por otro lado, se encontraban las empresas locales que, a diferencia del capital extranjero, daban importancia al salario como fuente de demanda debido a que los bienes producidos por ellas estaban en su mayoría destinados a los sectores medios y bajos, es decir, sus productos eran de consumo básico y masivo.

Esta disputa de las clases dominante condujo a la conformación durante la industrialización sustitutiva de una alianza policlasista entre los empresarios locales y la clase trabajadora. Dicha alianza aspiraba a generar un desarrollo acelerado y, por otro lado, controlado por los sectores nacionales. De esta manera, la principal línea de disputa en este modelo de acumulación se estableció entre los sectores nacionales, por un lado, y el capital extranjero, por el otro.

Por ultimo, se encontraba el sector agropecuario, básicamente la oligarquía agropecuaria pampeana, enfrentada a todos los sectores restantes como resultado de la permanente transferencia de recursos en la I.S .I. desde el campo hacia los sectores urbanos.  

 

2.2) DEUDA EXTERNA Y FUGA DE CAPITALES.

 

Durante la I.S .I. la deuda externa era limitada y básicamente era contraida por el Estado con los organismos internacionales, principalmente con el Fondo Monetario Internacional (F.M.I.).

El objetivo del endeudamiento externo durante este periodo era permitir salir a la Argentina de las recurrentes crisis de balanza de pagos generadas durante las épocas de crecimiento económico. Dichas crisis se producían como consecuencia que al haber crecimiento de la economía se incrementaban las importaciones generándose un déficit de la balanza comercial, al superar las importaciones a las exportaciones realizadas por el país. Esta situación provocaba salida de reservas del Banco Central las cuales eran limitadas, por lo cual este proceso se tornaba insostenible en el mediano y largo plazo, llevando a la economía Argentina a un estrangulamiento externo.

Para este tipo de crisis existían básicamente dos salidas: a) producir una recesión económica para disminuir las importaciones y conseguir un superávit comercial y, por lo tanto, generar la  entrada de divisas, o; b) tomar prestamos con los organismos internacionales que compensara la salida de reservas. Por lo tanto, muchas veces para evitar fuertes recesiones el Estado se endeudaba externamente con los organismos internacionales. Sin embargo, este endeudamiento era relativamente reducido, llegando en 1976  a 8.280 millones de dólares [4] . 

Con respecto a la fuga de capitales se puede comprobar que durante el modelo de industrialización sustitutiva la salida de capitales al exterior era poco significativa.

Pero además, la mayor parte de la salida de capitales durante la I.S .I. se producía por subfacturación de exportaciones y  sobrefacturación de importaciones, en otras palabras, a través del comercio exterior. Es decir, los exportadores declaraban montos inferiores de las exportaciones realizadas para, de este modo, el saldo restante era fugado al extranjero. De una manera análoga, los importadores de productos o servicios declaraban un monto superior del valor importado, girando al extranjero mayor cantidad de divisas necesarias para la importación, derivando en una fuga de capitales.

 

 3)  MODELO DE VALORIZACIÓN FINANCIERA.

 

3.1.) LA DICTADURA MILITAR DE 1976: construcción del modelo de valorización financiera.

 

3.1.1.) PRINCIPALES MODIFICACIONES INTRODUCIDAS POR LA DICTADURA MILITAR..

 

Con la dictadura militar de 1976 se interrumpe el modelo de industrialización sustitutiva y se construyo un nuevo modelo de acumulación: el sistema de valorización financiera. Este nuevo modelo produjo profundas modificaciones de la situación imperante en la Argentina hasta ese momento.

En otras palabras, a partir de 1976 se genero un corte en la historia Argentina que llevó a profundizar cambios políticos, económicos y sociales. Las políticas económicas implementadas por la dictadura militar provocaron una transformación radical del esquema de funcionamiento de la economía Argentina vigente desde 1930, es decir, de la Industrialización por Sustitución de Importaciones.

El programa económico aplicado produjo una reversión completa de las políticas implementadas en la industrialización sustitutiva, condenando los instrumentos utilizados en este modelo y proponiéndose como objetivo la apertura de la economía, la libre operación de los mercados de capitales, la desregulación de los diferentes mercados y un proceso de privatizaciones; dando por terminado la industrialización como objetivo de las políticas económicas.

En primer lugar, el proceso de valorización financiera no requería la expansión del consumo de los trabajadores al perder importancia para gran parte de los capitalistas el mercado interno. De esta manera, el salario pasó a ser visualizado como un costo para los empresarios en lugar de ser percibido como un factor de demanda como en el modelo de acumulación anterior. 

La nueva línea de contradicción que introdujo este modelo se estableció entre el capital concentrado en su conjunto, integrado principalmente por los conglomerados extranjeros y los grupos económicos locales, y los trabajadores; donde el primer grupo comenzó a presionar para la reducción del salario real y la concentración del ingreso.

Este objetivo del capital concentrado sería logrado en el primer año de la dictadura militar a través de la implementación de tres medidas económicas: a) congelamiento salarial, b) eliminación de control de precios de las mercancías y c) una devaluación de la moneda nacional. La consecuencia inmediata de estas tres políticas económicas fue una caída abrupta del salario real de los trabajadores, como resultado del proceso inflacionario desatado unido al congelamiento del salario nominal.

Como consecuencia de las tres medidas económicas encaradas por la dictadura militar se generó una abrupta transferencia de recursos de los asalariados al capital. La clase trabajadora pasó de apropiarse el 45%  del Producto Bruto Interno en 1975 a solamente el 25% en 1977.

Esto produjo una ruptura de la alianza policlasista entre los sectores nacionales, es decir, entre la clase trabajadora y los grupos económicos locales, debido a que el salario se había transformado en un costo para el conjunto del capital concentrado.

Sin embargo, como resultado del fuerte endeudamiento externo originado, como se verá más adelante, a partir de la implementación del modelo de valorización financiera en la dictadura militar aparece un nuevo grupo dentro del sector dominante: los acreedores externos. Por ello, emergieron nuevas contradicciones en el propio sector dominante de los empresarios, tanto extranjeros como locales, y los acreedores externos. Nueva contradicción que va a ser decisiva en el desenlace de futuras crisis, como por ejemplo, las crisis hiperinflacionarias de finales de la década del ochenta y principios de los noventa. 

Una segunda modificación importante introducida por el gobierno militar en la economía Argentina fue la reforma financiera realizada en 1977.

Durante la I.S .I. una de las funciones principales del Banco Central de la República Argentina (B.C.R.A.) era regular el sistema financiero, lo que implicaba entre otras cosas regular la tasa de interés de la economía. La reforma financiera introducida por la dictadura militar implicó la desregulación del sistema financiero y, por lo tanto,  la liberalización de la tasa de interés. Es decir, la tasa de interés de la economía pasó a ser fijada por el mercado.

Como consecuencia de esto, la tasa de interés interna comenzó a incrementarse, incluso más rápidamente que el resto de los precios de la economía, debido a que el déficit del Estado empezó a ser financiado a partir de la dictadura militar en el mercado financiero local como consecuencia de que con la reforma financiera el Banco Central no podía financiar más los déficit estatales como sucedía durante la industrialización sustitutiva.

De esta manera, el sector financiero pasó a ser el sector económico más rentable, comenzando a absorber gran cantidad de recursos de la economía al pasar a ser más beneficiosa la inversión en el sector financiero que en los restantes sectores productivos. 

 

3.1.2.) DEUDA EXTERNA Y FUGA DE CAPITALES.

 

Una segunda consecuencia de la reforma financiera esta relacionada con el fuerte incremento de la deuda externa Argentina. La tasa de interés interna liberalizada se estableció por encima de la tasa de interés internacional.

Este resultado se unió con otra política económica llevada a cabo por la dictadura: la liberalización de la cuenta de capital de la balanza de pagos. Esto permitió que el sector privado pudiera pedir prestado dinero en el extranjero. Un resultado inmediato de ambos procesos fue que los grandes grupos económicos se endeudaban en el exterior a una tasa de interés relativamente baja para colocarlo en el sistema financiero local a una tasa más elevada, es decir, valorizaban financieramente en el mercado interno la masa dineraria que pedían prestado en el extranjero. Es así como comenzó a generarse el gran incremento de la deuda externa Argentina, motorizado por el capital concentrado interno.

Es importante destacar que, desde el punto de vista internacional, a mediados de los años setenta la economía mundial presentaba elevados niveles de liquidez como consecuencia de los “petrodólares”, por lo tanto, los bancos internacionales se encontraban con una importante capacidad prestable  y ávidos de obtener nuevos plazas de colocación, conduciendo a la disminución de las tasas de interés de los diferentes préstamos. De este modo, comenzó a afluir en América Latina, y particularmente a la Argentina , una gran cantidad de capitales a bajas tasas de interés.

Aunque en su mayoría la deuda externa era del sector privado, principalmente de los grandes grupos económicos, al finalizar la dictadura militar el endeudamiento externo era fundamentalmente del sector público. Esta transformación se debió a que con posterioridad a la crisis financiera de 1981 y al estallido de la crisis mexicana por declarar la moratoria de su deuda externa en 1982,  se estatizó la deuda externa privada. Por ejemplo, se estatizó deuda externa a Celulosa Argentina por 1.500 millones de dólares, a Cogasco por 1.350 millones, a Autopistas Urbanas por 950 millones, a Pérez Companc 910 millones, a Acindar se le estatizó 650 millones de dólares, a Bridas 600 millones, a Banco de Italia 550 millones, a Alpargatas 470 millones y a Techint 350 millones de dólares [5] . Este proceso de estatización de la deuda privada, sin embargo, concluyó a fines de la década del ochenta durante el gobierno de Alfonsín.

Es así como el endeudamiento externo pasó de 8.280 millones de dólares en 1976 a 45.087 millones de dólares en 1983, o visto de otra manera, cada argentino que debía 320 dólares al exterior en 1976 pasó a deber 1.500 millones de dólares [6] .  Deuda externa que en un primer momento era privada y luego pasó a ser endeudamiento externo público a través de la estatización de dicha deuda.

Junto con la deuda externa se incrementó notablemente la fuga de capitales al extranjero como contrapartida de dicho endeudamiento, permitido también por la liberalización de la cuenta de capital de la balanza de pagos. Por lo tanto, dos de las  características más relevantes del modelo de valorización financiera instaurado con la dictadura militar de 1976 consistieron tanto en la magnitud alcanzada por la deuda externa como por el nivel de recursos fugados al exterior. 

El incremento de la fuga de capitales fue la contracara del espectacular aumento de la deuda externa al operar éste como una masa de capital liquido que se valorizó en el sistema financiero interno debido al diferencial entre la tasa de interés local, a las cuales colocan los fondos las grandes empresas, respecto de la de los mercados internacionales, a las que se endeudan, generando una renta financiera que luego fue colocada en el extranjero.

Lo que confirma la estrecha relación entre la fuga de capitales y el proceso de endeudamiento externo durante este modelo de acumulación. La coincidente expansión de ambas variables no respondió a un hecho casual, sino más bien que fueron la expresión de un mismo fenómeno que consistió en el funcionamiento del endeudamiento externo en el marco de un nuevo patrón de acumulación basado en la valorización financiera. 

Como dijimos anteriormente, la fuga de capitales en el modelo de industrialización sustitutiva se producía solamente a través de la subfacturación de exportaciones y sobrefacturación de importaciones, determinando que el monto de dicha operación fuera poco significativo. En cambio, con el sistema de valorización financiera se instaló una etapa de fuerte endeudamiento externo seguida por la fuga de capitales. Es por eso que el periodo de mayor crecimiento de la fuga de capitales coincidió con el momento en que se genero la mayor cantidad de deuda externa. De allí que los capitales locales acumulados en el exterior pasaran de 3.566  millones de dólares en 1975 a 32.214 millones de dólares en 1983, sin tener en cuenta la salida de capitales a través del comercio exterior (cuadro Nº 1). Por otra parte, considerando la fuga de capitales a través de la salida directa más la fuga de recursos por subfacturación de exportaciones [7] , el monto de esta variable alcanzó a 37.061 millones de dólares en 1983, mientras que en 1975 esta cifra era de 5.448 millones de dólares (cuadro Nº6).

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CUADRO Nº1: Estimaciones realizadas acerca de la fuga de capitales, 1970-1983 (millones de dólares)

AÑO

Variación anual de la fuga de capitales (flujo)

Capitales locales acumulados en el exterior (stock)

1970

921

921

1971

418

1.339

1972

312

1.650

1973

279

1.929

1974

413

2.342

1975

1.223

3.566

1976

1.446

5.012

1977

989

6.001

1978

1.779

7.779

1979

3.148

10.928

1980

4.706

15.633

1981

7.790

23.424

1982

6.451

29.875

1983

2.339

32.214

Fuente: Eduardo M. Basualdo y Matías Kulfas: “Fuga de capitales y endeudamiento externo en la Argentina ”; en Realidad Económica, Nº173, Buenos Aires, 2000.

 

Como era esperable, junto con el gran crecimiento de la fuga de capitales durante los años de la dictadura militar, se produjo un acelerado aumento de las rentas obtenidas por los capitales locales colocados en el extranjero. Dicha renta pasó de 46 millones de dólares en 1971 a 2.827 millones de dólares en 1983 [8] . El incremento de esta  renta al ser recibida por los grandes grupos económicos que participaron en la fuga de capitales tuvo como consecuencia acentuar la distribución regresiva del ingreso que fue una de las características más sobresalientes del modelo de valorización financiera. 

Así, este modelo fue enteramente funcional a los grandes grupos económicos locales que se endeudaban en el extranjero. 

En este marco el endeudamiento estatal tenía básicamente dos funciones: a)  en el mercado financiero local  permitía el diferencial de tasa de interés entre la interna y la internacional a favor de la primera para permitir el proceso de valorización financiera de los grandes grupos económicos que se endeudaban externamente, y b) proveía las divisas necesarias para que los grupos económicos pudieran fugar los capitales locales al exterior.

Proceso que además culminó con la estatización de la deuda externa del sector privado. Es decir, se hizo público el endeudamiento externo pero dejándole a los grandes grupos económicos la masa dineraria fugada al extranjero. Esto generó una inmensa transferencia de recursos hacia el capital concentrado.

Esta transferencia de recursos al capital concentrado interno debe sumársele los ingresos obtenidos por este sector como resultado de la distribución regresiva del ingreso por la abrupta reducción del salario real mencionado anteriormente.  

 

3.2.) EL RETORNO A LA DEMOCRACIA : consolidación de la valorización financiera como modelo de acumulación.

 

3.2.1.) EL GOBIERNO DE ALFONSÏN.

 

3.2.1.1.) Endeudamiento externo y fuga de capitales.

 

Tanto el aumento de la deuda externa como el de la fuga de capitales se redujeron notablemente como resultado de la crisis de la deuda en 1982 debido a  la moratoria mexicana donde la Argentina , como los demás países Latinoamericanos, perdió el acceso al crédito internacional.

La escasez de divisas, de crédito externo y la necesidad de pagar los servicios de la deuda tuvieron como consecuencia la aplicación de medidas para restringir la disponibilidad de divisas, lo que produjo una reducción importante en la fuga de capitales locales al extranjero. Sin embargo, la fuga se volvió a reactivar entre 1987 y 1989 a partir del agotamiento del Plan Austral y, principalmente, como resultado de los procesos hiperinflacionarios desatados a finales de la década del ochenta, llegando en 1989 a 43.078 millones de dólares los capitales locales acumulados en el exterior, sin considerar la remisión de recursos locales por vía del comercio exterior (cuadro Nº 2). Considerando la fuga de capitales por remisión directa y a través de la subfacturación de exportaciones, dicha transacción alcanzo un monto de 52.802 millones de dólares (cuadro Nº 6).

 

CUADRO Nº2: Estimaciones realizadas acerca de la fuga de capitales 1984-1989 (millones de dólares).

AÑO

Variación anual de la fuga de capitales (flujo)

Capitales locales acumulados en el exterior (stock)

Hasta 1983

 

32.214

1984

738

32.952

1985

808

33.760

1986

102

33.862

1987

3.797

37.659

1988

-2.062

35.597

1989

7.481

43.078

Fuente: Basualdo M. Eduardo y Kulfas Matías; “Fuga de capitales y endeudamiento externo en la Argentina ”, Realidad Económica, Nº 173, Buenos Aires, 2000.

 

Es interesante destacar, como un proceso estructural del modelo de valorización financiera, que la salida de capital local al exterior superaron holgadamente los intereses pagados a los acreedores externos. Por ejemplo, los intereses pagados entre 1970 y 1990 alcanzaron a 35.000 millones de dólares, mientras que la fuga de capitales, tomando tanto la salida directa  como la fuga de capitales a través de la subfacturación de exportaciones,  alcanzó en ese mismo periodo a 52.000 millones de dólares, es decir un 48% más alto que el dinero pagado por intereses a los acreedores externos [9] .

Con respecto a la deuda externa el proceso más relevante en este periodo consistió en la culminación de la estatización de la deuda externa privada iniciada durante el gobierno de la dictadura militar, llegando el endeudamiento externo en 1989 a un monto aproximado de 60.000 millones de dólares [10] .

 

3.2.1.2.) Crisis hiperinflacionaria y puja de los sectores dominantes.

 

La década del ochenta finalizó con una crisis hiperinflacionaria, desatada por las nuevas contradicciones del sector dominante introducidas con el modelo de valorización financiera entre los empresarios que actuaban en el país y los acreedores externos.

A fines de los años ochenta se produjo la quiebra del Estado debido a la imposibilidad de enfrentar  las demandas de ambos grupos del sector dominante. Es decir, el colapso estatal se generó como consecuencia de no poder seguir pagando los compromisos de la deuda externa al mismo tiempo que mantener las demandas de los empresarios que participaban en la economía Argentina, como por ejemplo, continuar con los subsidios implícitos de los regímenes de promoción industrial, mantener los sobreprecios a los proveedores estatales y enfrentar los intereses de la deuda interna.

De esta manera, las políticas económicas implementadas desde el Estado a fines de la década del ochenta se encontraban fuertemente influenciadas por los empresarios, consiguiendo que los acreedores externos, quienes presionaban a través de los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, alcanzaran solamente una participación secundaria en la redistribución del excedente generado internamente.

Esta situación condujo en 1988 a la Argentina a una moratoria externa de hecho, suspendiendo los pagos de la deuda externa, lo que llevó al estallido hiperinflacionario; pues son los bancos de capital extranjero, que eran parte de los acreedores externos y que se habían visto perjudicados por la moratoria externa declarada por el Estado Argentino, los que iniciaron la “corrida” en el mercado cambiario en febrero de 1989 desatando la primera crisis hiperinflacionaria. 

 

3.2.2) EL RÉGIMEN DE CONVERTIBILIDAD: el gobierno de Menem y de De la Rua .

 

3.2.2.1.) La  resolución de las crisis hiperinflacionarias a principio de la década del noventa.

 

La resolución de las contradicciones entre las diferentes fracciones de la clase dominante desatado a finales de los años ochenta tuvo lugar a principio de la década del noventa, a través del proceso de privatizaciones, en los cuales participaron todos los grupos del sector dominante quienes conformaron una “comunidad de negocios” alrededor de las empresas estatales privatizadas, y por medio de una nueva concentración del ingreso, principalmente como consecuencia del aumento inédito en la tasa de desocupación.

Sobre la concentración del ingreso, podemos decir que la contrapartida a la consolidación de las distintas fracciones de la clase dominante fue la crisis del mercado de trabajo producida durante los años noventa, cristalizada en el aumento de la desocupación y subocupación, la cual tuvo una enorme repercusión con el fuerte incremento de la pobreza, la indigencia, la marginación de amplios sectores de la población y la reducción del salario real promedio.

De esta manera, se generó un nuevo avance del capital sobre el trabajo, el cual estaba estrechamente relacionado con las políticas económicas implementadas, básicamente con las privatizaciones, la apertura económica, la desregulación de los mercados (principalmente del mercado de trabajo) y el consecuente proceso de desindustrialización de la economía Argentina. 

Como conclusión podemos decir que a pesar  que el conflicto que generó el proceso hiperinflacionario durante 1989 fue entre los empresarios y los acreedores externos, en la resolución de esta crisis se vieron afectados tanto los trabajadores como el aparato estatal, permitiendo mitigar las contradicciones del sector dominante debido a que tanto en las privatizaciones como en la concentración del ingreso, coincidieron los intereses de los acreedores externos como los intereses de los empresarios.

 

3.2.2.2.) Deuda externa y fuga de capitales.

 

En primer lugar, el endeudamiento externo estatal en la década del noventa estuvo fuertemente relacionado con el nuevo proceso de  concentración del ingreso generado en estos años y, particularmente, con la transferencia de recursos hacia el sector dominante por parte del Estado.

La deuda estatal estuvo vinculada con dos reformas introducidas en la década del noventa que tuvieron un fuerte impacto negativo sobre los ingresos del Estado con sus consecuentes incrementos en los déficits fiscales y que significaron grandes transferencias de recursos al sector dominante local: por un lado, la privatización del sistema jubilatorio y su transferencia a las Aseguradoras de Fondos y Jubilaciones de Pensión (A.F.J.P.) y, por el otro lado, la reducción de diversos aportes patronales [11] .

Entre 1994 y 2000, los recursos fiscales transferidos al capital concentrado local por parte del sector público mediante la reducción de los aportes patronales alcanzaron a 16.057 millones de pesos, que sumado a los recursos transferidos a través de las restantes reducciones vinculadas con el mercado de trabajo, como por ejemplo, los aportes al sistema de obras sociales, el monto ascendió a 29.960 millones de pesos. Para obtener la totalidad de recursos que el Estado transfirió durante este periodo a los grupos dominantes locales le debemos sumar los aportes jubilatorio transferidos por el Estado a las AFJP, totalizando un monto de 52.332 millones de pesos transferidos entre 1994 y 2000 [12] .

Magnitud que es considerablemente mayor a los ingresos recibidos por el Estado a través de las privatizaciones de las empresas públicas. Dichos ingresos ascendieron a 7.457 millones de pesos entre los años 1994 y 2000 y a 26.810 millones de pesos entre los años 1991 y 2000, comparación que permite remarcar la significación de los montos transferidos al sector dominante local mediante la reducción de los aportes patronales y la privatización del sistema jubilatorio, ya que estas transferencias representaron el 602% de los ingresos recibidos por el sector público por medio de las privatizaciones entre 1994 y 2000 y el 95% más elevado que los ingresos del Estado por ese mismo concepto entre 1991 y 2000 [13] .

Tomando el déficit fiscal acumulado efectivamente registrado desde 1994 a 2000 el monto fue de 54.615 millones de pesos, es decir, del 2,8% del Producto Bruto Interno. Sin embargo, si el Estado hubiera percibido los ingresos transferidos al sector dominante local a través de la reducción de los aportes patronales y la privatización del sistema jubilatorio, el monto del déficit financiero del sector público hubiera sido de 2.283 millones de pesos, es decir, del 0,5% del Producto Bruto Interno [14] . Esta cifra nos muestra claramente que el problema del déficit fiscal y, por lo tanto, la necesidad del endeudamiento público fue una consecuencia de las transferencias de ingresos por parte del Estado a la fracción dominante local.

Pero además estas transferencias de ingresos, junto con las asociaciones creadas a partir de las privatizaciones y la concentración del ingreso, cumplieron una función fundamental: aminorar las contradicciones entre las diferentes fracciones del sector dominante, principalmente, entre los acreedores externos y los grupos dominantes locales [15] , pues de la misma manera que los primeros recibieron un monto significativo del gasto público en concepto del pago de los servicios de la deuda externa, las fracciones dominantes locales percibieron transferencias de ingresos significativos como resultado de la reducción de los aportes patronales y la privatización del sistema de jubilación. 

Por otra parte,  la deuda externa del sector público no solo ha tenido un papel fundamental en el financiamiento del déficit fiscal generado en su gran mayoría por la transferencia de recursos por parte del Estado al grupo dominante local, sino también fue imprescindible para el sustento del régimen de Convertibilidad, mediante la contribución a la disponibilidad de las divisas necesarias para el funcionamiento normal de la economía. En otras palabras, la deuda pública externa en la década del noventa bajo el régimen convertible contribuyó con las divisas para, por un lado, la acumulación de reservas por parte de la autoridad monetaria y, por el otro lado, cubrir el déficit en divisas de los restantes sectores económicos [16] .

Para observar dicha función de la deuda externa pública en el régimen de Convertibilidad debemos analizar detalladamente el comportamiento de la Balanza de Pagos durante los años noventa.

En primer lugar,  el sector público y el sector privado presentaron resultados sistemáticamente deficitarios en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos durante los años noventa, aunque con comportamientos diferentes según el sector.

El sector público mostró un desequilibrio sostenidamente creciente como resultado del incremento de la deuda pública externa y el consecuente aumento de los intereses y  las amortizaciones pagadas por dicho sector por lo adeudado. 

Por su parte, si bien la cuenta corriente del sector privado fue acentuadamente deficitaria, principalmente por las partidas de servicios reales y otras transferencias [17] y luego por los pagos devengados por la deuda externa de los grandes grupos económicos residentes en el país, tuvo un resultado variable. Dicho comportamiento cíclico se debió a la variación de la Balanza Comercial del sector privado, la cual  deterioraba su saldo en las expansiones económicas como consecuencia del aumento de las importaciones, pero mejoraba durante los periodos recesivos al reducirse la cantidad de bienes y servicios importados.

Pero, mientras la cuenta corriente en su conjunto, es decir, la del sector público y privado, fue durante los años noventa sostenidamente deficitaria, la contrapartida estuvo en una cuenta de capital y financiera superavitaria.

Sin embargo, el superávit en la cuenta de capital y financiera acumulado durante esos años correspondió en su gran mayoría al sector público. Solamente los ingresos de capitales privados han superado a los ingresos del sector estatal desde 1992 a 1994, mientras que los ingresos de capital del sector público fueron nítidamente superiores en las fases recesivas, es decir, durante 1995-1996 y a partir de 1998. Por lo tanto, el endeudamiento público durante el régimen de  Convertibilidad cumplió un importante papel compensador, incrementándose en las épocas de estancamiento económico en donde escaseaba el financiamiento externo al sector privado.

Además, cabe destacar que si bien en el ultimo ciclo expansivo que comenzó en 1996 y finalizó a mediados de 1998 existió una recuperación de los ingresos de capitales privados, jugaron un papel menos dinámico que los fondos ingresados por el Estado. Es decir, en la ultima expansión económica cumplió un papel fundamental el endeudamiento externo estatal.

Podemos concluir, por lo tanto, que a partir de 1994 fueron preponderantes para el sostenimiento del régimen de Convertibilidad los ingresos de divisas aportados por el sector gubernamental mediante el incremento de su deuda.

Por otro lado, del análisis de la Balanza de Pagos en su conjunto, es decir, la suma de la cuenta corriente y la cuenta de capital,  en los años noventa surge que fue la acumulación de deuda externa pública la que permitió financiar la acumulación de reservas de divisas de la autoridad monetaria y el financiamiento de los déficits de la Balanza de Pagos del sector privado, pues el Estado se endeudaba externamente en una magnitud superior a sus necesidades de divisas para cubrir su déficit en cuenta corriente, acentuándose dicha conclusión con posterioridad a la crisis del Tequila en 1995.

Teniendo en cuenta todo el periodo del régimen de Convertibilidad la cuenta de capital del sector privado si bien tuvo un saldo positivo fue insuficiente para compensar el déficit de la cuenta corriente de este sector. Por el contrario, el superávit de la cuenta de capital del sector público durante estos años fue muy superior a su déficit de cuenta corriente.

De esta manera, el análisis de la composición del saldo de la Balanza de Pagos durante este periodo permite constatar que el Estado fue el único sector que tuvo un saldo positivo mientras que, por el contrario, el  privado fue claramente negativo. Pero además el saldo positivo de la Balanza de Pagos del Estado no solo sirvió para financiar el déficit del sector privado, sino que también fue fundamental para la acumulación de reservas por parte de la autoridad monetaria, es decir, para el sostenimiento del Plan de Convertibilidad.

Por otra parte, el saldo positivo de la Balanza de Pagos del sector gubernamental fue el resultado del endeudamiento externo que superó ampliamente el pago de los intereses de lo adeudado. Nuevamente, este hecho pone en evidencia que la deuda externa estatal no dependía exclusivamente del pago de los intereses por el sector público, sino que también estaba en función del déficit externo del sector privado y de la acumulación de reservas por parte de la autoridad monetaria que permitió sostener el régimen convertible.

En otras palabras, la función más importante del déficit fiscal y del endeudamiento externo del Estado ha sido proveer a la acumulación de reservas y al financiamiento de los déficits en moneda extranjera de los restantes sectores económicos. 

Además, bajo el régimen de Convertibilidad, la cantidad de reservas en poder de la autoridad monetaria era el principal determinante de la cantidad de circulante de dinero y de la evolución del crédito interno y, a su vez, estas variables eran determinantes del nivel de actividad. Es decir, al aumentar la acumulación de reservas en el régimen convertible se incrementaba la cantidad de dinero en circulación y el crédito interno, generándose una expansión económica. Por lo tanto, el déficit fiscal y el endeudamiento externo público, que permitían incrementar la cantidad de reservas durante la Convertibilidad , generaban los procesos expansivos de la economía durante este periodo.

Así se demuestra la insostenibilidad de este modelo en el largo plazo, al depender la convertibilidad de la deuda pública externa, pues a medida que se incrementaba está, se deterioraban los indicadores de solvencia fiscal al aumentar los pagos de los servicios de lo adeudado, subiendo el riesgo fiscal y con ello disminuyendo la posibilidad de sostener la Convertibilidad a través del endeudamiento externo estatal.

En resumen, el déficit fiscal y su financiamiento, es decir, el endeudamiento externo estatal, tuvieron durante la Convertibilidad las siguientes funciones principales: conseguir las divisas para financiar los déficits externos del sector privado, incrementar la cantidad de reservas en poder de la autoridad monetaria y, de esta manera,  proveer las divisas necesarias para hacer viable los procesos de crecimiento económicos.

La dependencia del endeudamiento externo estatal durante este periodo se debió fundamentalmente a la preponderancia del modelo de valorización financiara. Es decir, la preferencia del sector privado Argentino de utilizar el capital conseguido en operaciones financieras y fuga de capitales al exterior, en lugar de ser aplicado en inversiones productivas capaz de generar divisas. 

Es así como dentro de la cuenta de capital de la Balanza de Pagos del sector privado fue la fuga de capitales locales al exterior la principal transferencia de recursos, constituyéndose en la transferencia de capital al exterior más importante de toda la Balanza de Pagos durante la Convertibilidad , incluso, superando a la deuda pública colocada en este periodo y a los recursos totales transferidos a los acreedores externos en concepto de intereses por la deuda externa tanto por el sector público como por el privado.

Como conclusión, podemos sostener que el déficit fiscal iniciado por las transferencias de ingresos del Estado a la fracción dominante local por medio de la privatización del sistema jubilatorio y la reducción de los aportes patronales puso en marcha un proceso de endeudamiento externo del sector gubernamental que permitió cubrir el déficit externo del sector privado, acumular las reservas para el sostenimiento de la Convertibilidad y la posibilidad de generar crecimiento, constituyendo la base del modelo de valorización financiera de los sectores dominantes durante este periodo.

Sin embargo, la deuda externa pública fue solo una parte, aunque importante, de los factores que determinaron el modelo de valorización financiera durante estos años. Al endeudamiento externo estatal debemos incluir el comportamiento de la deuda externa total, es decir,  pública y privada, y la evolución en su conjunto de la fuga de capitales.

Considerando la deuda externa total durante  la década del noventa podemos constatar que aunque el endeudamiento externo estatal fue el más importante a lo largo de este periodo, también fue el menos dinámico debido a que la deuda externa generada por el sector privado es la de mayor expansión relativa (cuadro Nº 3).

 

CUADRO Nº3: Evolución de la deuda externa, 1991-1998 (millones de dólares)

AÑO

DEUDA EXTERNA

 

ESTATAL

PRIVADA

TOTAL

1991

52.739

8.598

54.936

1992

50.678

12.292

55.096

1993

53.606

18.820

60.332

1994

61.268

24.641

68.167

1995

67.192

31.955

83.884

1996

74.113

36.501

96.206

1997

74.912

50.139

112.207

1998

83.111

58.818

118.383

Fuente: Basualdo, M. Eduardo; “Las reformas estructurales y el Plan de Convertibilidad durante la década de los noventa”; Realidad Económica, Nº 200, Buenos Aires, 2003.

 

La gran expansión de la deuda externa privada, principalmente durante los primeros años de la Convertibilidad , se debió a dos motivos: por un lado, al monto reducido de la deuda externa privada al comienzo de la década del noventa como resultado de la estatización de la deuda de la fracción dominante local finalizada en los años ochenta y, por el otro lado, al papel protagónico cumplido por las empresas privatizadas en el nuevo ciclo del endeudamiento externo del sector privado por haber sido firmas saneadas financieramente por parte del Estado al hacerse cargo de las cuantiosas deudas de las empresas estatales antes de las transferencias a los consorcios privados integrado por los sectores dominantes.

Durante los años noventa el endeudamiento externo privado valorizado en el sistema financiero local se realizó sobre la base de dos condiciones que también se habían dado durante la dictadura militar iniciada en 1976: a) la diferencia a favor de la tasa de interés interna con respecto a la tasa de interés internacional y b) el seguro de cambio como consecuencia de la caja de conversión instaurada al principio de la década del noventa, donde la deuda externa estatal cumplió la función, además de aportar las reservas necesarias para sostener la Convertibilidad , de proveer las divisas para que la fracción dominante local pueda fugarlas al extranjero; culminándose, de esta manera, el ciclo de la valorización financiera.

Sin embargo, en los años noventa intervinieron otros factores, además de la relación entre la tasa de interés interna e internacional como durante la dictadura militar, en el proceso de valorización financiera. Uno de los factores más importante que sobredeterminó el funcionamiento clásico de la valorización financiera fue el proceso de privatizaciones de las empresas estatales y el proceso de transferencias de capital que le sucedió de los grupos económicos locales al capital extranjero.

El proceso de privatizaciones quedo subordinado a la valorización financiera, que junto con la diferencia entre las tasas de interés interna y las internacionales fueron dos de los factores determinantes de ese proceso y el origen de la inédita exacerbación de la fuga de capitales locales al extranjero durante el Plan de Convertibilidad.

A estos dos factores, es decir, el diferencial de la tasa de interés a favor de la local y el proceso de privatizaciones,  debemos agregarles el destino de las utilidades de las grandes empresas como un tercer factor relevante en la valorización financiera y en la fuga de recursos al extranjero durante este periodo.  

Para entender estos nuevos factores que intervinieron en el proceso de valorización financiera durante la Convertibilidad debemos distinguir dos etapas que tuvieron características diferentes con respecto al comportamiento de la deuda externa total y la fuga capitales locales al extranjero. 

Desde comienzo de la década hasta 1992 se revirtió el proceso de fuga de capitales, produciéndose una repatriación de una parte de los capitales fugados al extranjero en los años anteriores, dirigidos a la compra de los activos públicos, es decir, para integrarse al negocio de las privatizaciones.

 

CUADRO Nº 4: Estimaciones realizadas acerca de  la fuga de capitales, 1990-1998 (millones de dólares)

AÑO

Variación anula de la fuga de capitales (flujo)

Capitales locales acumulados en el exterior (stock)

Hasta 1989

 

43.078

1990

-991

42.087

1991

-1.190

40.897

1992

-1.031

39.866

1993

4.650

44.516

1994

6.697

51.213

1995

13.791

65.004

1996

10.982

75.986

1997

13.126

89.112

1998

3.140

92.252

Fuente: Basualdo M. Eduardo y Kulfas Matías; “Fuga de capitales y endeudamiento externo en la Argentina ”, Realidad Económica, Nº173, Buenos Aires, 2000.

 

Sin embargo, a pesar de esta repatriación de recursos para participar de las privatizaciones,  en este periodo se produjo una notoria reactivación de la fuga de capitales a través de la subfacturación de exportaciones, que a pesar de ser la forma más antigua y tradicional de remitir excedente al extranjero, junto con la sobrefacturación de las importaciones,  se vio oscurecida durante el modelo de valorización financiera como consecuencia de la notable expansión de las nuevas formas de fugar capitales al extranjero relacionada tanto con la deuda externa como con el predominio de la valorización financiera.

Pero no solo se produjo una reactivación de la salida de capitales al exterior vía subfacturación de exportación durante los primeros años de la década del noventa, sino que también a partir de estos años se delimitó un nivel más elevado de la fuga de capitales mediante estas transacciones, pasando de 625 millones de dólares fugados a través de la subfacturación de exportaciones en 1990 a 3.356 millones de dólares en 1991 (cuadro Nº5).

 

CUADRO Nº 5: Fuga de capitales al extranjero por subfacturación de exportaciones, 1980-1998

AÑO

Variación anual de la fuga (flujo)

Capitales locales acumulados en el exterior (stock)

1970

221

221

1971

315

536

1972

128

663

1973

283

946

1974

494

1.440

1975

441

1.882

1976

229

2.111

1977

357

2.467

1978

429

2.896

1979

353

3.249

1980

208

3.458

1981

295

3.753

1982

455

4.207

1983

640

4.847

1984

533

5.380

1985

501

5.881

1986

705

6.586

1987

976

7.561

1988

850

8.411

1989

1.313

9.724

1990

625

10.349

1991

3.346

13.695

1992

1.387

15.082

1993

653

15.735

1994

1.071

16.805

1995

1.605

18.411

1996

1.870

20.281

1997

2.125

22.406

1998

505

22.911

Fuente: Basualdo M. Eduardo y Kulfas Matías; “Fuga de capitales y endeudamiento externo en la Argentina ”, Realidad económica, Nº173, Buenos Aires, 2000.

 

Por lo tanto, teniendo en cuenta todas las formas de remisión de recursos locales al exterior durante estos primeros años de la década del noventa continuó el proceso de fuga de capitales a pesar de la repatriación de gran cantidad de recursos del exterior para participar de las privatizaciones debido a la importancia que asumió durante estos años la salida de capitales al extranjero mediante la subfacturación de exportaciones [18] .

Sin embargo, el crecimiento de dicha fuga de capitales fue relativamente leve durante estos primeros años de la Convertibilidad , gracias a las privatizaciones de las empresas estatales y la consecuente repatriación de capitales fugados en las décadas anteriores. De 52.802 millones de dólares en 1990 paso a 54.948 millones de dólares el stock de capitales locales en el exterior, teniendo en cuenta tanto la salida directa de recursos como la salida a través de la subfacturación de exportaciones (cuadro Nº 6).

Con respecto a la deuda externa en estos dos primeros años de la década del noventa se generó una significativa estabilidad de la misma como resultado del proceso de privatización de los activos públicos, principalmente ENTEL, con capitalización de deuda externa, es decir, rescate de los bonos externos emitidos en los años anteriores. El proceso de privatizaciones generó el rescate de  gran cantidad de bonos de la deuda externa que tuvo como efecto una reducción significativa de la deuda externa estatal.

Por otro lado, a fines de 1992 concluyeron las negociaciones del denominado Plan Brady, que condujo en líneas generales a una quita en el capital de la deuda externa pública y a reducciones en las tasas de interés.

En resumen, en esta primera etapa tanto como consecuencia de las privatizaciones con capitalización de deuda externa como por la firma del Plan Brady se produjo una estabilización de la deuda  externa total. 

A partir de 1993 se puede distinguir una segunda etapa caracterizada por una profunda reactivación de la fuga de capitales al exterior y del endeudamiento externo. Incluso los promedios anuales de aumento registrados entre 1993 y finales de la década del noventa de la deuda externa y de la fuga de capitales fueron mayores que los promedio registrados durante la dictadura militar. El promedio del crecimiento de la deuda externa entre 1978 y 1983 fue de 11.175 millones de dólares, mientras que entre 1993-1998 dicho promedio fue de 13.534. Por su parte, el promedio de crecimiento de la fuga de capitales durante  los años de la dictadura militar fue de 9.086 millones de dólares, mientras que en los años 1993-1998 fue de 10.587 millones de dólares [19] .

Los mayores promedios registrados durante este periodo de la década del noventa en comparación con la dictadura militar se debieron a los nuevos factores que intervinieron durante la Convertibilidad en el proceso de valorización financiera. La reactivación de la fuga de capitales y de la deuda externa a partir de 1993 no  se debió únicamente a la diferencia entre la tasa de interés interna y la internacional como en la dictadura militar, sino que debemos agregarle, como dijimos, dos factores importantes al proceso de valorización financiera clásica: la deuda externa utilizada para financiar el capital de trabajo que permitió incrementar las utilidades de los grandes grupos económicos que destinaron luego a la valorización financiera, por un lado, y el proceso de transferencias de capital de los grupos económicos locales al capital extranjero , por el otro.

Con respecto al primer factor debemos destacar que no todo el endeudamiento privado externo había sido utilizado durante los años noventa para valorizarlo internamente, sino que también parte de esta deuda externa se destino para financiar el capital de trabajo y la inversión de las firmas. Sin embargo, aún esta última porción de endeudamiento externo sirvió para sostener el modelo de valorización financiera al incrementar el capital propio disponible de las empresas para utilizarlos con otros fines, básicamente orientando este capital propio al sistema financiero local y luego de valorizarlo internamente fugarlo al extranjero.

Con respecto al segundo factor podemos afirmar que existió una estrecha relación entre el proceso de privatizaciones y la fuga de capitales al extranjero. A principio de la década del noventa se produjeron dos procesos estrechamente relacionados entre sí que fueron, por un lado, las privatizaciones y, por el otro lado, la aparición de las asociaciones, que se hicieron cargo de las empresas estatales, entre grupos económicos locales y diverso tipo de capital extranjero.

Por eso uno de los fenómenos más relevantes del principio de la década del noventa fue el proceso de privatizaciones de empresas públicas que dieron lugar a la conformación de una serie de consorcios, en los cuales participaron las diferentes fracciones de los grupos dominantes, que se van a convertir entre las empresas de mayor facturación y rentabilidad de la economía Argentina [20] .  

En la propiedad de estas nuevas asociaciones convergieron: por un lado, grupos económicos locales y conglomerados extranjeros que ya eran importantes en la década del ochenta y, por otro lado, capitales extranjeros que iniciaron su actividad en la economía Argentina en los años noventa.

Las tres consecuencias más importantes del proceso de privatizaciones y de la conformación de la “comunidad de negocios” que se crearon alrededor de las empresas estatales vendidas fueron, como dijimos, las siguientes: primero, la estabilización de la deuda externa al comprarse parte de las empresas públicas con bonos de la deuda externa; segundo, la repatriación por parte de los grupos económicos de recursos fugados al extranjero en las décadas anteriores para participar de las privatizaciones y, por ultimo, aminorar las contradicciones entre el sector dominante al participar todas las fracciones en el negocio de las privatizaciones. 

Sin embargo, a partir de 1995 comenzaron a producirse transferencias de propiedad que involucraron a la totalidad o una parte del capital de numerosas empresas privadas, entre los que se encontraban varios de los consorcios que participaron en las privatizaciones de las empresas estatales.

Los grupos económicos locales fueron los que vendieron sus activos fijos y se volcaron hacia los activos financieros principalmente en el exterior, dando como resultado una reactivación de la fuga de capitales al extranjero.

Esta fracción de los sectores dominantes tuvieron una creciente influencia en la economía Argentina al principio de la década del noventa debido al crecimiento importante de sus activos fijos, básicamente como resultado de su participación en la compra de las empresas estatales, modificando, de esta manera, la composición de su capital, incrementando la importancia relativa de los activos fijos y disminuyendo la de los activos financieros. Esto se encuentra íntimamente relacionado con la repatriación por parte de esta fracción del sector dominante de una parte significativa de los capitales fugados al extranjero en el momento que se produjeron las privatizaciones de las empresas estatales.

Sin embargo, la situación de los grupos económicos locales se modificó drásticamente a partir de mediados de la década del noventa. Se produjo un fuerte retroceso de su presencia dentro de las asociaciones, tanto de las que participaron en las privatizaciones como de aquellas desvinculadas de este programa, como resultado de la transferencia de sus empresas o paquetes accionarios a partir de 1995. Es importante destacar que los grupos económicos locales no solo transfirieron al capital extranjero sus participaciones accionarias en los consorcios que controlaban las empresas privatizadas, sino también un conjunto importante de sus empresas controladas y vinculadas.

Dichas transferencias se realizaron principalmente hacia el capital extranjero, tanto conglomerados extranjeros como a empresas transnacionales, dando como resultado un fuerte proceso de extranjerización de la economía Argentina. 

Este proceso fue acompañado por una acelerada salida de recursos al extranjero. La unión de ambos procesos nos permite obtener la siguiente conclusión: los grupos económicos locales mantuvieron su poder económico a pesar de las transferencias de sus empresas o paquetes accionarios pero con una nueva modificación de la composición de su capital, generándose una disminución relativa de sus activos fijos y un incremento de sus activos financieros, especialmente los radicados en el extranjero.

Por otro lado, el capital fijo transferido por los grupos económicos locales eran firmas o consorcios con una elevada rentabilidad y creciente a lo largo del tiempo, por lo tanto, los montos percibidos por estos agentes económicos como resultado de dichas ventas fueron muy significativos.

Los consorcios integrados en su mayoría por grupos económicos locales, conglomerados extranjeros y empresas y bancos transnacionales se hicieron cargo de las empresas estatales pagando un precio subvaluado y, además, abonándolos con un alto componente en bonos de la deuda externa.

A este bajo precio pagado por los consorcios se le debe agregar que las empresas estatales compradas eran monopolios u oligopolios con mercados cautivos y marcos regulatorios deficientes, situación que permitió a las asociaciones imponer sus intereses en la estructura de precios relativos, garantizándoles una elevada y creciente rentabilidad. 

Todos estos factores permitieron una acelerada revaluación patrimonial en términos económicos de las empresas privatizadas. Esto fue aprovechado por los grupos económicos locales con la venta de su parte accionaria a un precio elevado, fugando al extranjero los montos significativos recibidos por estas ventas.

Por lo tanto, los factores principales que motivaron a los grupos económicos locales a la venta de sus activos fijos a partir de mediados de la década del noventa están estrechamente vinculadas con el propio funcionamiento del modelo de valorización financiera [21] .

Por otra parte, esta decisión de vender por parte de los grupos económicos locales se unió con la voluntad de comprar por parte de los conglomerados extranjeros y las empresas transnacionales debido fundamentalmente a la gran rentabilidad que aseguraban estas inversiones por los mismos motivos que permitieron anteriormente una gran revaluación patrimonial en términos económicos de dichas empresas.

En resumen, tanto el endeudamiento externo para aprovechar el diferencial de la tasa de interés a favor de la local, el destino de las utilidades y la venta de empresas propias y participaciones accionarias en las firmas privatizadas constituyeron la gran cantidad de  capital liquido fugado al extranjero a partir de 1993.

Teniendo en cuenta la salida directa de los capitales mas la fuga a través de la subfacturación de exportaciones, los capitales locales en el exterior superaban en 1998 los 115 mil millones de dólares. Este monto es sumamente significativo si tenemos en cuenta que en 1975 dicha suma daba menos de 5,5 millones de dólares y en 1989 menos de 53 mil millones de dólares (cuadro Nº6).

 

CUADRO Nº 6: Suma de la fuga de capitales a través de la salida directa y por la subfacturación de exportaciones (millones de dólares)

AÑO

Capitales locales acumulados en el exterior (stock)

1975

5.448

1983

37.061

1989

52.802

1990

52.436

1991

54.592

1992

54.948

1993

60.251

1994

68.018

1995

83.415

1996

96.267

1997

111.518

1998

115.163

Fuente: Elaboración propia con datos obtenidos en: Basualdo M. Eduardo y Kulfas Matías; “Fuga de capitales y endeudamiento externo en la Argentina ”, Realidad Económica, Nº173, Buenos Aires, 2000.

 

Nuevamente, durante los años noventa la salida de recursos locales al exterior superó de manera clara a los intereses pagados a los acreedores externos. Mientras que en 1998 el monto fugado al extranjero alcanzó los 115 mil millones de dólares acumulados, teniendo en cuenta tanto la salida directa de los capitales como la fuga a través de la subfacturación de exportaciones, el monto de los intereses pagados a los acreedores externos alcanzo a 82 mil millones de dólares. Es decir,  que es un 40% más alta la fuga de capitales que los intereses pagados a los acreedores externos [22] .  

Por otro lado, al mismo tiempo que se produjo un acelerado crecimiento de la fuga de capitales aumentó las rentas obtenidas por los capitales locales en el exterior, incrementadose, por lo tanto, la distribución regresiva del ingreso durante la década del noventa.

Mientras que entre 1983 y 1993 la renta generada en el exterior por los capitales locales presentó un comportamiento cíclico alrededor de un monto promedio de 3.000 millones de dólares, a partir de 1994 esta renta se expande de manera acelerada y sin interrupción. Llegando a representar 6.500 millones de dólares en el año 1998, cuando en 1971 dicha renta había alcanzado solamente el monto de 46 millones de dólares [23] . 

 

3.2.2.3) Crisis terminal del Modelo de Convertibilidad.

 

A partir de 1998  comenzó la crisis terminal del modelo de Convertibilidad iniciada a principio de la década del noventa. En el ámbito internacional se produjo una recesión que dificultó de manera creciente el acceso por parte de la Argentina , y de los países Latinoamericanos en general, a nuevo financiamiento externo.

Durante los últimos años de la Convertibilidad comenzó a predominar el riesgo de su derrumbe y, por lo tanto, de una devaluación, generando una masiva salida de capitales al exterior y una reducción de la deuda externa privada. En otras palabras, adquirió una lógica de transferir al exterior la mayor cantidad de recursos posibles y la cancelación de gran cantidad de obligaciones externas por parte del sector privado.

Se produjo un aumento del stock de capitales locales en el exterior, pasando de 124.455 millones de dólares en 1999 a 137.805 millones de dólares en el 2001. Por su parte, se generó una reducción de la deuda externa privada que pasó de 60.539 millones de dólares en 1999 a 51.984 millones de dólares en el 2001 (cuadro Nº 7). 

 

CUADRO Nº 7: Evolución de la deuda externa y de los capitales locales en el exterior, 1999-2001 (millones de dólares)

AÑO

DEUDA EXTERNA

Stock de capitales en el exterior

 

ESTATAL

PRIVADA

TOTAL

 

1999

84.750

60.539

145.289

124.455

2000

84.851

61.724

146.575

131.892

2001

88.259

51.984

140.242

137.805

Fuente: Basualdo, Eduardo; “Las reformas estructurales y el Plan de Convertibilidad durante la década de los noventa”; Realidad Económica, Nº200.

 

Nuevamente fue la deuda externa estatal que sostuvo en los últimos tiempo al régimen de Convertibilidad, incrementándose de 84.750 millones de dólares en 1999 a 88.259 millones de dólares en el 2001 (cuadro Nº 7). De esta manera, fue una vez más el endeudamiento externo público quien aporta las divisas necesarias para que los grupos dominantes locales fugaran los recursos al extranjero. Por lo tanto, la deuda del sector gubernamental fue la que sostuvo hasta el ultimo momento de la Convertibilidad el proceso de valorización financiera.

Además, a partir de 1998 comenzó a desplegarse nuevas contradicciones en el sector dominante asociadas con las dos fases que caracterizaron a la década del noventa explicadas anteriormente, definiendo el contenido que asumió la crisis final del régimen de Convertibilidad, donde en la primera etapa (1990-1992) se habían conformado las comunidades de negocios integradas por las tres fracciones del capital que eran centrales en la economía local, es decir, los grupos económicos, las firmas extranjeras y la banca transnacional, principalmente alrededor de las empresas estatales privatizadas.

Por el contrario, la segunda etapa, desarrollada entre 1993 y 1998 se caracteriza por la transferencia de empresas o paquetes accionarios al capital extranjero, pertenecientes en su mayoría a los grupos económicos locales. Modificando estos últimos su composición del capital, incrementando su capital financiero, especialmente en el exterior, dentro del capital total en detrimento de sus tenencias de activos físicos.

Justamente estas transferencias tuvieron como consecuencia el surgimiento de nuevas contradicciones en los sectores dominantes hacia finales de la década del noventa, llevando al centro del debate la continuidad o no del Plan de Convertibilidad, y más específicamente sobre la tasa de cambio fija.

El grupo de los “dolarizadores” integrada por las empresas transnacionales y los conglomerados extranjeros, como consecuencia del gran incremento de sus activos fijos en la economía Argentina, apoyaban la continuidad del tipo de cambio fijo, incluso presionando para la dolarización de la economía con la consecuente desaparición del peso Argentino. Esta posición del capital extranjero se debió a que una devaluación les provocaría una perdida del capital en términos de dólares. 

Por otro lado, el grupo de los “devaluacionistas” integrado por los grupos económicos locales que vendieron gran parte de sus activos físicos y los convirtieron en activos financieros dolarizados, los cuales en su mayoría se encontraban invertidos en el extranjero. Por lo tanto, una devaluación del tipo de cambio les implicaba una ganancia de capital en términos de pesos.

A esto debe sumársele que los grupos económicos locales concentraron sus activos físicos en la economía Argentina en sectores productivos con ventajas comparativas naturales, es decir, orientadas al mercado externo. De esta manera, también una devaluación del tipo de cambio los favorecía al permitir un importante incremento de las exportaciones.

Es así como hacia finales de la década del noventa se gestó nuevas contradicciones en el sector dominante al romperse las asociaciones que habían permitido articular al principio de los años noventa los diferentes intereses de las distintas fracciones del sector dominante, consiguiendo superar las crisis hiperinflacionarias.

La ruptura de la homogeneidad del sector dominante dio lugar a una nueva contradicción diferente a la de finales de la década del ochenta, pues ahora la disputa no era entre los empresarios y los acreedores externos, sino más bien entre el capital extranjero, a favor de la dolarización de la economía Argentina, y los grupos económicos locales, a favor de una devaluación de la moneda nacional.

El triunfo de los “devaluacionistas” que prevaleció como alternativa al modelo de Convertibilidad, en contraposición a la dolarización de la economía, radicó en que se sustentó no sólo sobre los intereses de los grupos económicos locales sino también de la oligarquía agropecuaria Argentina en su conjunto al beneficiares con el incremento de sus exportaciones.

Los efectos de la devaluación tuvieron importantes repercusiones. En primer lugar, las perdidas patrimoniales que implicaron sobre el capital extranjero operó sobre un stock de inversiones de aproximadamente 120 mil millones de dólares. En segundo lugar, las ganancias de la fracción del sector dominante que impulsó la devaluación estaban vinculadas, por un lado, con el stock de los capitales invertidos en el exterior por residentes locales que alcanzó a 140 mil millones de dólares en el 2001 y, por el otro lado, por los ingresos  corrientes en dólares como resultado del aumento de los bienes exportados [24] .

Pero como siempre desde la interrupción del modelo de industrialización por sustitución de importación y la irrupción del modelo de valorización financiera a partir de la dictadura militar, a pesar de que las crisis se generan como consecuencias de las contradicciones del sector dominante,  terminó perjudicando de manera notable a los sectores populares a través de un nuevo proceso de concentración del ingreso.

 

4) CONCLUSIONES:

 

El capitalismo Argentino reconoce en la última dictadura militar un quiebre fundamental desde el punto de vista económico, social y político. En líneas generales significó la interrupción de la industrialización sustitutiva y la irrupción de la valorización financiera como modelo de acumulación. Por su parte, el retorno de la democracia y sus sucesivos gobiernos acentuaron los rasgos esenciales del nuevo modelo.

En este contexto, tanto el endeudamiento externo como la fuga de capitales al exterior jugaron un papel fundamental al operar como dos elementos indispensables en el proceso de valorización financiera de los sectores dominantes.

La deuda externa y la fuga de capitales al exterior encontraron su génesis histórica en la dictadura militar de 1976, como resultado tanto de cambios internacionales como de políticas económicas internas.

En el plano internacional, el elevado índice de liquidez de la economía mundial y las bajas tasas de interés generaron importantes corrientes de capitales a la Argentina (y a otros países de América Latina).  A nivel nacional, la liberalización de la cuenta de capital sumado a la reforma financiera implementada en 1977 fueron dos de las políticas económicas más sobresalientes que incentivaron el ingreso de capitales desde el exterior.

Durante la dictadura militar, el ingreso de esos capitales asumió en una primera etapa la forma de préstamos al sector privado. El negocio del endeudamiento externo fue aprovechar la diferencia existente entre la tasa de interés local y la internacional, donde los grandes grupos económicos tomaron préstamos en el extranjero a bajas tasas de interés, colocándolo en el sistema financiero local a tasas de interés más elevadas, operatoria que arrojaba cuantiosas ganancias. Este proceso finalizaba con la fuga de capitales al extranjero luego de valorizarlo financieramente.

El fenómeno verificado fue un incremento inédito de la deuda externa, la cual experimentó la contracara del crecimiento de la fuga de capitales al exterior. Por cada dólar de deuda externa existió aproximadamente otro dólar fugado al extranjero. Es así como la deuda externa que a mediados de los años setenta no superaba los 8.000 millones de dólares, llego al monto próximo de 45.000 millones de dólares en 1983.

Por otro lado, a pesar que hasta fines de los años setenta el endeudamiento externo fue esencialmente del sector privado, a comienzo de la década del ochenta, todavía durante el gobierno militar, se inició el proceso de estatización de la deuda externa privada. Se trató, por lo tanto, de una extraordinaria transferencia de recursos públicos hacia los sectores concentrados del capital. 

Con el retorno de la democracia, el gobierno de Alfonsín continuó y finalizó con el proceso de estatización de la deuda externa privada, lo cual legitimó el modelo de valorización financiera instaurado por la dictadura militar, llegando la deuda externa a valores próximos a los 60.000 millones de dólares en 1989. Pero además, un año antes se había resuelto suspender los pagos a todos los acreedores externos al no poder hacer frente al pago de la deuda y de sus intereses.

En la década del noventa, es decir, en el periodo de la Convertibilidad , incluyendo tanto al gobierno de Menem y De la Rua , podemos encontrar  diferentes etapas con características particulares con respecto a la deuda externa y la fuga de capitales.

En la primera etapa, que abarcó el periodo 1990-1993, se produjo una estabilización de la deuda externa y una reducción de la fuga de capitales al extranjero. Con respecto a la deuda externa esto se debió a la conjunción de dos fenómenos: la privatización de empresas públicas con papeles de la deuda y como resultado del Plan Brady que genero quitas en el capital y reducciones en la tasa de interés. Por su parte, se produjo una repatriación de capitales locales en el exterior para participar en la “comunidad de negocios” en torno de las privatizaciones. 

Sin embargo, lejos de ser la solución definitiva a la deuda externa y la fuga de capitales, representó el inicio de una nueva etapa de endeudamiento y fuga de recursos locales al exterior a partir de 1993, solo comparable con la registrada durante la dictadura militar.

La deuda pública externa comenzó como consecuencia de los déficits fiscales originados como resultado de la brutal transferencias de recursos estatales a la fracción del sector dominante local a través de la privatización del sistema previsional y la reducción de aportes patronales, que generaron una considerable resignación de ingresos al sector público. Se trata, por lo tanto, de recursos transferidos al sector privado que contribuyeron a generar un déficit estructural en las cuentas fiscales, provocando, de esta manera, un crecimiento de la deuda externa pública para financiarlo.

Pero además este endeudamiento externo del sector público cumplió con dos funciones fundamentales para el sostenimiento del modelo de Convertibilidad: financiar los desequilibrios externos del sector privado y permitir la acumulación de reservas por parte de la autoridad monetaria.

Incluso, la deuda pública externa comenzó a ser cada vez más necesaria a partir de mediados de la década del noventa, cuando se inició una nueva etapa de fuga de recursos hacia el exterior por parte de los conglomerados empresarios que actúan en el país. Esta inusitada salida de capitales al exterior se debió básicamente a tres factores:

-          El aprovechamiento del diferencial existente entre la tasa de interés interna y la internacional. Por lo tanto, gran parte de la deuda externa del sector privado luego de haber sido valorizado en el sistema financiero local fue fugado al extranjero.

-          Parte de las utilidades de los grupos empresarios fugados fuera de las fronteras nacionales, luego de haber sido valorizado en el sistema financiero local, y

-          Por ultimo, los recursos conseguidos por los grupos económicos locales como resultado de la venta de sus activos físicos, principalmente los paquetes accionarios en las empresas públicas privatizadas, al capital extranjero.

Para que esta importante fuga de recursos al exterior por parte de los sectores dominantes locales se produjera y sostener al mismo tiempo el modelo de Convertibilidad fue vital la entrada de capital al país a través de la deuda externa pública.

Es así como tanto la deuda externa total y la fuga de capitales tuvieron un brutal crecimiento a partir de 1993, alcanzando un registro récord, superando, incluso, los valores registrados durante la ultima dictadura militar.

Esta situación comenzó a evidenciar señales de agotamiento a partir de 1998 con la escasez de financiamiento externo, agudizándose hacia finales del año 2001, cuando se profundizó la recesión, declarándose el default de la deuda pública externa con los acreedores privados y se abandonó el régimen de Convertibilidad a partir de una fenomenal devaluación de la moneda nacional, beneficiándose, de esta manera, a la fracción del grupo dominante de los “devaluacionistas” integrada por los grupos económicos locales, en contraposición de los “dolarizadores” que agrupaba principalmente al capital extranjero.

En la actualidad, el endeudamiento externo, y básicamente el público (por el momento suspendido su pago aunque no en forma total), representa una severa restricción para el desarrollo del país, resultando imposible afrontar su paga en las condiciones actuales de la Argentina , principalmente desde el punto de vista social con los elevados niveles de desocupación, pobreza, indigencia y marginalidad.

Según el Fondo Monetario Internacional, apoyado por importantes sectores dentro del país, la solución al problema del endeudamiento externo y de la crisis que atraviesa la Argentina se alcanzaría  con una fuerte devaluación de la moneda nacional que permitiría generar un saldo favorable en la balanza comercial como resultado del aumento de las exportaciones y una caída de las importaciones, generando una importante entrada de divisas al país.

Por otro lado, se recomienda un abrupto ajuste fiscal que permitiría conseguir un superávit primario por parte del Estado, posibilitando al gobierno conseguir las divisas generadas por el sector privado. Junto con una ordenada renegociación de la deuda externa con los acreedores privados, permitiría reanudar el pago del endeudamiento externo. A estas medidas se le agrega el incremento en las tarifas de los servicios públicos privatizados.

Todo esto generaría nuevamente confianza en los mercados internacionales, restableciendo los vínculos de la Argentina con el mundo, con la consecuente entrada de capitales a la economía, ingresando el país en una senda sostenida de crecimiento.

Sin embargo, el análisis de la génesis de la deuda externa y la fuga de capitales nos permite sacar algunas conclusiones importantes. 

La deuda externa como la fuga de capitales no constituyen un fenómeno en sí mismo, sino que se encuentran íntimamente relacionados con el modelo de acumulación instaurado por la última dictadura militar y profundizado por los sucesivos gobiernos democráticos, es decir, la valorización financiera.

Por lo tanto, la Argentina podrá resolver su problema de la deuda externa y la fuga de capitales sólo si realiza las reformas necesarias que garanticen la eliminación de la valorización financiera como eje ordenador de la acumulación del capital. En otras palabras, el problema del endeudamiento externo y la fuga de recursos al extranjero encontrara su solución cuando se logre estructurar un proyecto de valorización productiva e inclusión social.

Pero para esto es importante tener en cuenta que con el fenómeno de la deuda externa y la fuga de capitales se han beneficiado importantes sectores económicos que participan en la economía Argentina. Es decir, la contradicción actual no es exclusivamente  entre los acreedores externos y la Argentina , sino que también incluye a grandes grupos económicos que se enriquecieron con la valorización financiera y, por lo tanto, con la deuda externa y la fuga de capitales.

De esta manera, para la reversión del modelo de valorización financiera y la implementación de un plan de desarrollo productivo y redistribución progresiva del ingreso y, por lo tanto, para la solución del endeudamiento externo y la fuga de capitales, es necesario atacar los intereses tanto de los acreedores externos como de los grupos económicos beneficiados en las ultimas décadas.

 

BIBLIOGRAFIA:

 

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Basualdo, Eduardo; “Concentración y centralización del capital en la Argentina durante la década del noventa. Una aproximación a través de la reestructuración económica y el comportamiento de los grupos económicos y los capitales extranjeros”; FLACSO/U.N.Q./IDEP, Buenos Aires, 2000.

 

Basualdo, M. Eduardo y Kulfas, Matías; “Fuga de capitales y endeudamiento externo en la Argentina ”, Realidad Económica, Nº173, Buenos Aires, 2000.

 

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Basualdo, Eduardo; “Las reformas estructurales y el Plan de Convertibilidad durante la década de los noventa”; Realidad Económica, Nº200, Buenos Aires, 2003.

 

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Lanata, Jorge; “Argentinos. Siglo XX: desde Yrigoyen hasta la caída de De La Rua ”; Ediciones B Grupo Z, Buenos Aires, 2003.

 

Lo Vuolo, Ruben M.; “Alternativas. La economía como cuestión social”, Grupo Editor Altamira, Buenos Aires, Argentina, 2000. 

 

 

 



(1) Como por ejemplo, títulos, bonos, depósitos, entre otros.

(2) Es decir, transferencia de capital liquido hacia el exterior por parte de residentes locales para realizar diversas inversiones y adquirir activos  que pueden ser físicos, como por ejemplo inversiones directas, o financieros, como por ejemplo, títulos, acciones, depósitos entre otros. También debe sumársele a esta forma de fugar recursos locales al exterior la salida de capitales a través de los denominados “precio de transferencia” (que es el valor monetario que asume una transacción económica realizada por dos unidades económicas societariamente vinculadas) y los “créditos intrafirma” (que es el crédito que la casa matriz de una empresa transnacional otorga a una filial en el extranjero). Estos dos últimos mecanismos son utilizados tanto para remitir utilidades como para elusión y evasión impositiva por parte del capital extranjero para incrementar sus utilidades y facilitar la remisión de sus rentabilidades al exterior.   

(3) Es decir, por medio de la subfacturación de exportaciones como por la sobrefacturación de importaciones.

(4) Lanata, Jorge: “Argentinos. Tomo 2. Siglo XX: desde Yrigoyen hasta la caída de De la Rua ” Ediciones B Grupo Zeta, Buenos Aires, Argentina 2003.

(5) Lanata, Jorge (2003).

(6) Lanata, Jorge (2003).

(7) Es importante destacar que solo se tiene en cuenta la salida de recursos a través de la subfacturación de exportaciones y no la salida de capitales por medio a la sobrefacturación de exportaciones, pues esta maniobra durante el modelo de valorización financiera fue poco significativa. Incluso en la década del ochenta y noventa se registraron subfacturación de importaciones en lugar de sobrefacturación de las mismas. Sin embargo, este hecho no indicó que se produjo una repatriación de recursos desde el exterior al país, sino más bien fue el reflejo de maniobras de contrabando y evasión fiscal.

(8) Basualdo, M. Y Kulfas, Matías: Fuga de capitales y endeudamiento externo en la Argentina ”, Realidad Económica, Nº 173, Buenos Aires, 2000.

(9) Basualdo, M. y Kulfas, Matías (2000)

(10) Kulfas, Matías y Schorr, Martín: “Deuda externa y valorización financiera en la Argentina actual”; Realidad Económica Nº 198, Buenos Aires, 2003.

(11) La justificación de la reducción de los aportes patronales de los sectores dominantes era que permitirían la reducción del desempleo y la disminución del trabajo precario. Sin embargo, la realidad desmintió dichos argumentos, debido a que tanto el desempleo como el trabajo “en negro” se incrementaron durante los años noventa.

(12) Basualdo, Eduardo; “Las reformas estructurales y el Plan de Convertibilidad durante la década del noventa”, Realidad Económica, Nº 200, Buenos Aires, 2003.

(13) Basualdo, Eduardo (2003).

(14) Basualdo, Eduardo (2003).

(15) Contradicciones que, como dijimos, había generado las crisis hiperinflacionarias de finales de la década del ochenta y principios de los años noventa, debido a que el Estado había jerarquizado a la fracción dominante local en el reparto de los recursos estatales, al declarar la cesación de pago de la deuda externa a finales de los años ochenta. 

(16) Este aspecto fundamental de la deuda externa del sector público es desarrollado por Damill, Mario; “El balance de Pagos y la deuda externa pública bajo la convertibilidad”, Boletín Informativo Techint, Nº 303, Buenos Aires, 2000.

(17) Dentro de estas transferencias se incluyen los gastos en turismos que tuvieron un peso importante durante la década del noventa al incorporarse como uno de los componentes relevantes del consumo de la clase alta e, incluso, de la clase media Argentina.

(18) Es importante recordar que durante estos años no fue importante la salida de recursos al exterior a través de la sobrefacturación de importaciones, incluso se registraron durante estos años subfacturación de importaciones como resultado del contrabando y la evasión fiscal

(19) Basualdo, Eduardo y Kulfas, Matías (2000).

(20)Es importante aclarar que a pesar que el núcleo más importante de estas asociaciones conformadas en la década del noventa esta constituida por los consorcios que participaron de las privatizaciones de las empresas públicas, estas constituyeron un fenómeno más amplio que involucró un vasto espectro de otras actividades y empresas desvinculadas del programa de privatizaciones.

(21) Pero aunque si bien los factores principales de la venta de los activos fijos por parte de los grupos económicos locales esta relacionado con el funcionamiento del modelo de valorización financiera, también respondieron a otros distintos motivos, como por ejemplo, la mayor capacidad económica y financiera del capital extranjero con respecto a los grupos económicos locales. Otro factor que intervino fue el gran incremento en el endeudamiento externo e interno de los grupos económicos locales.  

(22) Basualdo, Eduardo y Kulfas, Matías (2000).

(23) Basualdo, Eduardo y Kulfas, Matías (2000)
(24) Basualdo, Eduardo (2003)
(25) Este articulo esta dedicado a mis dos amigos: Lucas Nejamkis y Martín Guerrieri. A ellos no les dedico mi vida,  con ellos quiero vivir la vida.

 

 

 


 

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